Los expertos esperan que el país se recupere más rápido que cualquier otra economía en Latinoamérica, pero los comicios examinan la fórmula que impulsó su crecimiento.

Por: Ernestina Herrera  |   1 Jun, 2021 - 4:44 pm

La historia económica de Perú se cuenta como un éxito. Un país latinoamericano que se abrió a la inversión privada, desarrolló una industria minera fuerte y se apegó a la disciplina fiscal, sacó a millones de la pobreza. Pero el domingo, los peruanos decidirán si desean o no continuar con este modelo económico cuando acudan a las urnas para votar por su próximo gobierno.

Perú sufrió la caída económica más profunda en Latinoamérica el año pasado después de Venezuela, con el desplome de 11% de su producto interno bruto (PIB) a raíz de los confinamientos por la pandemia. El Fondo Monetario Internacional espera que su recuperación sea la más grande en la región este año, rebotando 8,5%. Durante más de una década, el país creció rápidamente, impulsado en parte por un boom internacional de materias primas que le permitió aprovechar sus minas. Gracias a una política fiscal fuerte, el Gobierno redujo su deuda pública a un nivel muy bajo. Hoy, Perú tiene la mejor calificación crediticia en Latinoamérica después de Chile.

Reducción de la pobreza

Desde el 2006 y hasta el 2019, el país redujo la pobreza de 20% de la población al 12,7%, según un estimado del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. El Banco Mundial asegura que su coeficiente Gini, un indicador que mide la desigualdad, bajó dramáticamente en esos años. Pero la pandemia expuso lo que hay detrás de estas métricas. En noviembre estalló una crisis política derivada, en parte, por la falta de confianza en el Gobierno y, también, por la evidencia de que una parte de la población estaba experimentando la pandemia desde una posición de privilegio y seguridad mientras muchos otros sufrían en la informalidad. En dos semanas ese mes, Perú tuvo tres presidentes y las calles de la capital estallaron en protestas que fueron duramente reprimidas por policías.

La situación obliga a preguntar por qué, si el modelo económico ha sido tan exitoso, hay tanto descontento. La respuesta divide a los expertos.

“Sinceramente, no creo que el Perú sea un caso de éxito económico”, dice Marco Avilés, académico y autor peruano especializado en racismo e identidad, “porque un país que está continuamente motivando a la gente a desarraigarse, a dejar sus tierras, a migrar ppara buscar cosas elementales, como acceso a una escuela o a una universidad o a un hospital, no es un país exitoso”. Un tercio de los 32 millones de peruanos vive en la capital Lima porque para gozar de los avances económicos del país hay que vivir en la ciudad, apunta Avilés, quien actualmente cursa un doctorado en Universidad de Pennsylvania. Durante la pandemia, por ejemplo, historias de personas viviendo en el campo que perdieron la vida en traslados de hasta 12 horas al hospital más cercano inundaron las redes sociales.

“Ante este espectáculo de la muerte y de migración, muchas personas han empezado a lanzar este lugar común de que la pandemia nos ha mostrado las desigualdades, pero las desigualdades siempre han estado en el Perú. Lo que ocurría era que, desde las élites, esas desigualdades no se han mostrado y tampoco a estas élites les ha interesado discutirlas,” opina Avilés.

“Creo que ahora, en estas elecciones particulares, queda muy fuerte la sensación de que quienes finalmente deciden quien gobierna son grupos de empresariales bastante retrógrados

El próximo Gobierno heredará una situación económica complicada y se hace más complicada por la situación política, dice Pedro Tuesta, economista peruano y consultor independiente. Para poder recuperar el terreno perdido, el país dependerá del comercio exterior y de una rápida vacunación, pero existe el riesgo de que el Congreso termine fraccionado en una cantidad de partidos tal que no se pongan de acuerdo en cómo lograrlo. “Lo más fácil sería que, ante un Congreso en donde hay miembros de 10 diferentes partidos políticos, los partidos se unan para pasar medidas populistas, porque a todo mundo le gusta gastar”, apunta, “una propuesta más racional de largo plazo no genera votos en el corto plazo”.

Mayor gasto no ha garantizado para Perú una menor desigualdad o una mejor calidad de vida. Hace un año, Perú anunció un ambicioso paquete de ayudas económicas equivalente al 12% de su PIB como medida de emergencia por la pandemia, pero los resultados no fueron los esperados. Durante el segundo trimestre del año la economía cayó un 30%, su peor caída en la historia, y gran parte de la población más vulnerable no recibieron la ayuda por operar en la informalidad.

“Nos preocupa mucho el hecho de que está elección está poniendo mucho debate sobre un modelo que le ha servido tan bien al país pero que se está cuestionando, y que está al borde del abismo, en cuanto a posibles cambios constitucionales, mediante un giro de las políticas públicas hacia un poco más de populismo, mayor irresponsabilidad fiscal y un poco de hostilidad al sector privado”, dice Jaime Reusche, analista del riesgo crediticio de la deuda soberana de Perú en la agencia calificadora Moody’s.

“Eso sí es particularmente peligroso desde el punto de vista de la calificación porque es algo que estaremos observando, no solo durante estas elecciones ,  y cual es la agenda de políticas públicas que trae el nuevo Gobierno en este momento tan importante”, agregó Reusche.

Pero lo más duro, apunta Reusche, es el retroceso que el país está sufriendo. “Lo poco que se pudo avanzar en cuanto a generación de empleos formales se va haber perdido”, dice el especialista, “estamos hablando de un retroceso de casi una década, en cuanto a progreso social porque sí se daba que mucho de ese crecimiento económico llegaba y se filtraba a muchos sectores de la población, no todos, pero una gran cantidad de ellos, que les ofreció mayores ingresos y mejores oportunidades”.

“Es este progreso social que se dio el cual va a generar bastantes demandas de la población, y es tal vez por eso que vemos este pedido o llamado de la población por caer en esa tentación del populismo,” concluye Reusche, “porque es la salida más fácil de recuperar, en los ojos del ciudadano de a pie, el progreso de la última década que se perdió”.

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