Por: Omar Padron  |   26 Ago, 2021 - 6:09 pm

La vida no tiene un límite en costo monetario, más aún cuando la terrible enfermedad del covid-19 toca a un miembro de la familia.

Vender utensilios, muebles, electrodomésticos, vehículos y hasta la casa han dejado sin nada a muchos monaguenses que no se dan por vencidos, se niegan a perder la batalla y dar paso a la muerte.

Una verdadera agonía viven familias en Maturín cuando un integrante del núcleo familiar resulta contagiado y los centros de salud públicos no reúnen las condiciones necesarias para tratar a los pacientes con covid-19.

Tal es el caso de María Pérez (nombre utilizada para la historia). En julio se vio vulnerable al caer enferma su mamá. De nada le sirvió cuidarse hasta de salir al frente de su vivienda en La Puente y saludar algún vecino.

Las medidas de higiene fueron tan extrema que sus manos comenzaron a pelarse por tanto alcohol y vinagre que, a cada 10 minutos, rociaba en sus manos.

Por temor a complicarse el cuadro de salud de su mamá, también de nombre María, decidieron ponerse en contacto con un médico. A la semana de tratamiento la señora de 85 años empeoraba, se fatigaba hasta de permanecer mucho tiempo en cama.

La tomografía en 3D que le pidieron para ver a profundidad la condiciones de su pulmones fue desalentador. Se entendiò entonces que debía mantener prudencia y cambiar con urgencia de tratamiento. En el estudio, los pulmones de la señora estaban muy comprometidos, tenía más de 60 con perforaciones; el covid le había saltado de un lado a otro.

El primer tratamiento le provocó resistencia,  dando paso a un fuerte hongo en los pulmones. Ameritó ser conectada a oxígeno y duplicar las dosis de los fármacos para salvar su vida, pues tenía antecedentes de micoplasta y bronquitis.

A diario gastaban más de 100 dólares en la recarga de la bombona de oxígeno, que duraba apenas cuatro horas; inyecciones de anticoagulantes, antibióticos y vitaminas.

Fueron 15 días de calvario, “esperaba que en cualquier noche me despertaran para decirme que mamá dejó de respirar y que había muerto”, comentó la joven que abandonó el trabajo que apenas comenzaba en una industria de químicos para desinfectantes.

“Se le ponía el rostro morado, tosía mucho y casi no hablaba”, relata la joven que en vista de agotarse los pocos recursos que tenía, comenzó a vender casas que ya no utilizaban o que poco uso le daba.

“cada día era un gasto nuevo, cada 5 días era un TAC y en clínicas tenía un valor de 50 dólares. Cuando vi que el poquito dinero que recibía vendimos el carro que mi papá nos había dejado antes de irse para Brasil”, relata.

El drama para María, hija única y egresada de la UBV en Gestión Ambiental, no terminaba. El carro por tener algunos “detallitos” y la escases de gasolina devaluó el precio, “tuve que aceptar lo que me daban porque no tenía otra opción, era el carro o la vida de mi mamá. Lo vendimos todo para salvarle la vida”.

Aunque lograron saldar unas deudas pendiente con allegados y familiares, más alquiler de bombonas y regular de oxígeno, medicamentos y consultas a domicilios, quedaban unos “piquitos” con otras personas.

Una tía materna le ofreció vender la casa donde vivían ellas dos en Los Guaritos e irse a La Puente con ella. La oferta cayó como un balde de agua fría porque no solo se quedaron sin nada en la casa sino que ahora estaría arrimadas en un techo ajeno.

“Dios proveerá más adelante”, fue la decisión que tomó María durante una noche de desvelo por la preocupación de tampoco contar con alimentos para la dieta de su mamá y los medicamentos a seguir tomando.

“Con el dolor de mi alta por el sacrificio que representó para mis padres tener un techo donde caer muertos cuando llegaran a viejos  y tener que salir de ella para salvarle la vida a mamá”, contó entre lágrimas la muchacha madre de una niña de tan solo 58 años.

“Sé que no somos las únicas que pasamos por esto y si tengo que dar mi vida por la de mi mamá y mi hija lo haré, lo material se recupera después”, aseveró María con un tono sereno en la voz.

La joven finalizó diciendo que actualmente cuenta con un emprendimiento de ventas de dulces y arreglos de globos para superarse económicamente y volver a tener la paz que el covid por un momento les arrebató.

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