Alberto Ravelo: el hombre que marcó a los monaguenses con su chicha

La chicha, hecha para calmar el calor, es más que una bebida; es algo que acompaña a los monaguenses desde su infancia, ya sea saliendo de la escuela, el trabajo o para calmar el hambre y reponer energías para llegar a casas después de trayectos largos; eso es la chicha para Alberto José Ravelo.
El monaguense que actualmente vive en La Toscana, tiene 40 años elaborando el alimento. Rabelo decidió que vender chicha sería su trabajo, no por falta de ello, sino porque “quería vivir de algo distinto” y que mejor que ser su propio jefe.
Alberto, destacó que el conocimiento que tiene sobre la preparación de esta bebida es gracias a su hermano, quien con mucho cariño le enseño el paso a paso de como elaborarla.
De acuerdo a lo comentado por el hombre que ha conquistado los corazones de miles de monaguenses, la calidad de la bebida se basa en la calidad de sus ingredientes como el arroz, el azúcar, la leche y la canela.

José Ravelo, trajeado con su uniforme característico (chemise azul, gorra y pantalón de jeans), contó con entusiasmo su manera de preparar la chicha, “lleva un proceso de tres días, las primeras 24 horas son para remojar el arroz, posteriormente se lava, se cocina, se deja reposar hasta que tenga textura deseada, lo demas es secreto de la casa".
Los inicios fueron sin tener un lugar fijo, salía con sus termos y vasos, hasta que un día se estableció e inmediaciones de la plaza Bolívar en la esquina frente a la iglesia San Simón.
Con el tiempo y gracias a los frutos de su esfuerzo y ganas de salir adelante, invirtió y compró un carrito de madera, posteriormente consiguió uno mejor y lo personalizó con una imagen representativa, además mandó a confeccionar su uniforme para ser identificado y marcar la diferencia .
A lo largo de los años ha contado con una variedad de empleados (hermanos, hijos, familiares y allegados) que fueron parte de la experiencia de trabajar vendiendo chicha junto a Alberto José Rabelo; sin embargo; entre todos destaca Pedro García, quien lleva junto a Alberto lleva en este negocio más de tres décadas, "hubo momentos donde se retiró de este trabajo, pero años después volvió y fue recibido con los brazos abiertos para seguir juntos".

Otrora, Ravelo vendía hasta 48 kilos de arroz hecho chicha, en contraste como es actualmente, que tiene que ajustar los precios para no registrar pérdidas. Un tiempo duro fue en la pandemia de 2020, porque con las normas sanitarias y cuarentena tuvo que detener el negocio. Por un tiempo se mantuvo con las ganancias que tenía ahorradas, hasta el momento donde tuo que vender algunas de sus pertenencias materiales para sustentar su economía.
Por el puesto de chicha han pasado miles de historias a lo largo de todos estos años, parejas que iban frecuencia, infidelidades descubiertas, hermanos que se reencontraron, entre otros.
El negocio de Alberto se mantiene por la atención que le brinda al cliente con la finalidad de hacerlo sentir en casa y que se regresen con frecuencia, hay gente que se sorprende porque todavía sigue vendiendo chicha con la misma atención y sabor que lo caracteriza desde el inicio.
Alberto, invita a la juventud a emprender con sus propios negocios, sin miedo, sin pensar en el que dirán los demás y poco a poco ir creciendo, realizando todo con amor y esfuerzo para lograr ese objetivo.
Redacción: María Pereira/Pasante

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