La estrepitosa caída de la actividad económica arrasó casi por completo la industria del entretenimiento en el país, que hoy, tras más de cinco años y un relajamiento de controles en el sistema cambiario, busca resurgir

Por: Emilio Bravo  |   3 Jun, 2022 - 3:16 pm

Ovaciones y coros a voz en grito se escuchan en el estacionamiento de un centro comercial de Caracas: Morat, Il Divo, Alejandro Fernández… Artistas internacionales que vuelven a las tarimas de Venezuela favorecidos por una dolarización de facto.

Miles bailan, saltan y cantan eufóricos temas en vivo, algo que estuvo en pausa durante años como resultado de la compleja crisis económica que se recrudeció en 2016 y que parecía no tocar fondo.

La estrepitosa caída de la actividad económica arrasó casi por completo la industria del entretenimiento en el país, que hoy, tras más de cinco años y un relajamiento de controles en el sistema cambiario, busca resurgir.

Las vallas publicitarias de Caracas ahora lucen promociones de obras de teatro y conciertos, que muy rápido agotan entradas y muchas veces llevan a nuevas funciones para satisfacer la demanda.

«El tema de volver a producir en Venezuela lo da la moneda, Venezuela se dolarizó por debajo de la mesa y el gobierno tuvo que aceptar la dolarización», comenta a la AFP Fredérick Meléndez, de la productora AGTE Live, que trajo, entre otros, a la banda colombiana Morat.

Antes, había que «cobrar en bolívares y salir al mercado negro a cambiar» porque era difícil acceder al sistema oficial, añade Meléndez.

A mediados del año pasado el país comenzó a sentir el rebote del 6% de la economía, tras desplomarse 80% en los últimos años. Los efectos son pequeños, pero notables, y las consultoras estiman que continuará el crecimiento.

Y la dolarización del salario permite a muchos pagar boletos que se cuestan por lo general entre 30 y 500 dólares.

El salario mínimo promedio en el sector privado ronda los 150 dólares, pagado generalmente en divisas, mientras que en el sector público quedó fijado en marzo en unos 25, al cambio actual, tras un aumento de 1.700% decretado por el gobierno.

«Tema ético»

Venezuela, que llegó exportar cantantes y marcó pauta en el desarrollo de espectáculos, no recibía artistas internacionales desde 2016 y algunos de ellos recibieron duras críticas por presentarse en medio de la crisis económica y la compleja situación política.

El colombiano Maluma, por ejemplo, fue condenado ese año por cantar en un evento gratuito patrocinado por el gobierno del presidente Nicolás Maduro.

«Los artistas internacionales veían eso y era como ‘¿cómo vamos a ir a rumbear en medio de una crisis?’, y nadie quiso venir», señala el productor. «Al final se empezaron a negar a la posibilidad de ir a Venezuela por un tema como ético».

Entre 2016 y 2020, Venezuela se vio inmersa en una escasez generalizada, entre alimentos, medicinas y combustible, mezclada con protestas antigubernamentales y tensiones políticas, y después las restricciones por la pandemia de covid-19.

Arian Prieto, de 23 años, espera emocionada en fila para entrar al concierto de SanLuis, un dúo nacional que ha compuesto para Marc Anthony o Christina Aguilera.

No recuerda la última vez que fue a un espectáculo. «Era menor de edad», dice.

«Realmente esto es lo que le hace falta a Caracas y Venezuela… La gente realmente se desahoga».

Las dos funciones ofrecidas por el dueto en Caracas cerraron a casa llena, como la mayoría de los conciertos este año: desde el mexicano Alejandro Fernández hasta el dúo venezolano Servando y Florentino, que terminaron abriendo una tercera función.

Morat fue un fenómeno. La banda colombiana nunca había visitado Venezuela y en solo dos horas los fanáticos colapsaron la página web donde se vendían las entradas, mientras que el tiempo de espera para comprar en taquilla llegó a ser de hasta 10 horas.

«Superó expectativas», comenta Meléndez, de AGTE LIVE.

Las bandas mexicanas Camila y Sin Bandera también agotaron las entradas para su concierto el 15 de junio en dos días, incluidas las de la zona VIP, que contaba con palcos para 10 personas a un costo de 5.000 dólares, cifra que suscitó fuertes críticas.

Los asistentes defienden la celebración de estos eventos. «Tuve que hacer un esfuerzo justamente por ser ellos también y yo dije: ‘ya este es el momento y vale la pena pues’», señala Angie Mora, fanática de Il Divo, que no visitaba Venezuela desde hace 13 años.

El nuevo «boom» de los conciertos en Venezuela apenas está tomando vuelo. Desde el gobierno también se impulsan eventos y en la televisión estatal se exalta el regreso de estos espectáculos, aunque sin profundizar en tarifas, ni métodos de pago.

De hecho, del 11 al 15 de junio organizan un festival de salsa, el género favorito de Maduro, que contará con artistas «amigos» como Maelo Ruíz y Álex De Castro.

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