¿Es la eutanasia una salida? Noelia Castillo y su decisión de morir

Redactado por Hernestina Herrera

«Me quedan cuatro días porque el 26 me hacen la eutanasia. Lo he conseguido y por fin puedo descansar, no puedo más. Quiero irme ya en paz y dejar de sufrir y punto».

Noelia Castillo Ramos, parapléjica, de Barcelona, España, de 25 años se despedía de la vida.  Ella obtuvo una muerte asistida tras dos años buscándola. Su caso ha sido expuesto públicamente y hay polémica sobre el mismo. Los límites entre la ciencia y lo espiritual y religioso ¿. ¿Hay razones que justifiquen el decidir el final de tu vida? ¿Es la eutanasia el camino?, muchas incógnitas que hacen del caso de Noelia Castillo Ramos, una historia para reflexionar.

¿Quién era y cómo llegó a ese momento? Noelia Castillo Ramos, vivió una infancia traumática y el detonante para su tragedia fue una agresión sexual múltiple que la llevaron en octubre de 2021 a atentar contra su vida lanzándose al vacío de un quinto piso lo que le causó las lesiones irreversibles que padeció, quedó parapléjica. A raíz del intento de suicidio le reconocieron un 67% de discapacidad y además fue diagnosticada de un trastorno límite de la personalidad.

Se justificó la eutanasia

Su caso ha suscitado opiniones contrapuestas entre médicos y expertos. Algunos especialistas coinciden en que el caso de Noelia cumplía con los principales supuestos que exige la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (LORE) en España, se justificaba la aplicación de una muerte programada: ser mayor de edad, tener nacionalidad española o residencia legal/empadronamiento superior a 12 meses, y padecer una enfermedad grave e incurable o un padecimiento crónico e imposibilitarte que genere un sufrimiento intolerable, certificado por un médico.  Eso era suficiente, otros especialistas, por contra, consideran que su muerte fue un error que «demuestra el fracaso de la sociedad y de la medicina».

Fisuras numerosas para una decisión difícil, unos dudan si realmente Noelia estaba plenamente capacitada desde el punto de vista de salud mental para tomar una decisión irreversible y si había «alternativas terapéuticas que podrían mejorar su situación y, quizás, hacerle replantear su decisión». Durante el tiempo entre el momento en que la joven hizo la solicitud y cuando el hecho se consumió, la   familia de la joven de 25 años había intentado paralizar la muerte asistida solicitando tratamiento psiquiátrico

Casi dos años después de que su padre recurriese a la vía judicial para tratar de frenar la eutanasia, Noelia Castillo, recibió la eutanasia en un centro sanitario de Barcelona. Un juzgado de Barcelona rechazó la solicitud del tratamiento psiquiátrico que reclamaba su padre

En su auto, la magistrada de Instrucción 20 indicó que carecía «de potestad para adoptar las medidas que solicitaba, paralizar su muerte asistida, afectaría a los derechos fundamentales de la joven y «le podría producir una situación de indefensión». En cuanto a la capacidad de Noelia para tomar su decisión, argumentaban que la joven estaba mentalmente bien para decidir sobre su vida   la joven sí cumplía el requisito de «capacidad para prestar un consentimiento válido», en base a los informes de psiquiatras y psicólogos que dictaminaron que «la patología que sufría no la condiciona para tomar decisiones». De hecho, el informe médico-forense avaló que sus padecimientos son «graves, crónicos, constantes e imposibilitantes, además de no existir «posibilidad de mejora», requisitos que prevé la ley para su concesión.

Recorrido judicial

Noelia recibió la eutanasia después de que incluso la Justicia Europea rechazase paralizarla de forma cautelar. El caso de la joven se remonta a 2024. Fue en julio cuando la comisión de garantías de la Generalitat de Cataluña avaló su muerte asistida. En vísperas de la fecha fijada, que era el 2 de agosto, su padre recurrió a la vía judicial para paralizarla. Decisión que adoptó un juzgado de Barcelona. El caso llegó entonces ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que avaló la decisión de la joven, pero también el derecho de la familia a intentar frenar el procedimiento, al entender que su interés es legítimo, aun cuando «no sea titular de ese derecho a la vida ajena». Así, el progenitor llegó hasta el Supremo y el Constitucional, que rechazaron sendos recursos de casación y amparo.

Los profesionales del ámbito de la psicología clínica y la psiquiatría que examinaron a Noelia indicaron que entendía la «gravedad» de la medida solicitada y que se mantenía en su voluntad. Así, en las diversas evaluaciones practicadas se constató que tenía un coeficiente intelectual dentro de la normalidad, que no presentaba trastornos del curso de pensamiento y que padecía síntomas depresivos cronificados que le provocaban un sufrimiento «insoportable» de tipo psíquico derivado de la lesión medular que sufrió tras un intento de suicidio.

Avalaron así los profesionales, y luego los tribunales, que su petición de eutanasia fue «libre, sin injerencia ni influencia de su propia enfermedad mental», en palabras de los propios forenses que, en sede judicial, durante una pericial en la que hasta seis facultativos declararon que Noelia tenía capacidad para saber discernir y decidir sobre su vida.

La eutanasia o la cultura de la muerte

La Iglesia Católica considera la eutanasia un acto ilícito y un crimen contra la vida humana, defendiendo la vida desde la concepción hasta la muerte natural y promoviendo el acompañamiento y los cuidados paliativos.

La Iglesia promueve el acompañamiento amoroso y los cuidados paliativos, que buscan aliviar el sufrimiento físico, emocional y espiritual sin acortar intencionalmente la vida. Benedicto XVI y Francisco han subrayado la importancia de la compasión, el consuelo y la cercanía a los enfermos, rechazando la mentalidad que considera a los ancianos o enfermos como una carga.

La eutanasia es vista como un síntoma de la cultura de la muerte, donde la vida se percibe como un bien dispensable. La Iglesia insiste en que ninguna autoridad puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, y que la verdadera compasión consiste en acompañar y cuidar, no en eliminar la vida. La dignidad humana no depende del estado de salud ni de la autonomía, sino que es intrínseca y debe ser protegida en todas las circunstancias.

 

Jhoan Gutierrez

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