Sin capilla pero con la fe intacta están en La Gran Victoria

A un año del incendio que consumió parte de la capilla San Juan María Vianney, los habitantes del urbanismo La Gran Victoria mantienen viva la esperanza de ver restaurado su templo, pese a que los trabajos de rehabilitación permanecen inconclusos.
El siniestro ocurrió el 11 de febrero de 2025, fecha que hoy recuerdan con tristeza. Aunque en su momento se anunció que la recuperación estaría lista en un mes, vecinos aseguran que ha transcurrido un tiempo significativo y hasta ahora solo ven un poco de avance en la obra.

En el lugar solo se evidencia la mejora del techo, mientras que las tejas necesarias para completar la estructura permanecen apiladas dentro del recinto.
En el interior se observan restos de machihembrado, bloques y poco de basura. La mesa que servía de altar quedó quemada y permanece pegada a la pared frontal, donde la pintura chamuscada de un Cristo da la bienvenida a quienes se acercan. Tampoco se encuentra el Santísimo Sacramento, elemento esencial para quienes profesan la fe católica.

Las imágenes religiosas que fueron rescatadas están resguardadas en un área de la textilera ubicada a pocos pasos del recinto, espacio que actualmente sirve de lugar provisional para la celebración de la Eucaristía dominical.
El párroco de la iglesia San Ignacio de Loyola, comunidad eclesial a la que está adscrita la capilla, José Javier Asarta SJ, indicó que se mantienen a la espera del apoyo gubernamental. “Agradecemos el interés del gobernador, quien en su momento hablaba con sinceridad; sin embargo, falta mucho. Ojalá se retomen los trabajos y tengamos la posibilidad de participar en la Eucaristía diaria y dominical, además de la catequesis que se impartia en este recinto”, expresó.

El sacerdote recalcó que se trata de una obra importante para el crecimiento espiritual y la fraternidad de la comunidad, por lo que esperan que los trabajos se reactiven tras varios meses paralizados.
Por su parte, Luis Torres, residente del urbanismo, recordó que se aproxima la Semana Santa y solo cuentan con un espacio en la textilera donde apenas caben unas 30 personas, además de no poseer las condiciones adecuadas de comodidad.

“Ese día avisamos a los bomberos mientras intentábamos apagar el fuego, pero ya era demasiado tarde porque las llamas habían consumido parte del techo”, rememoró.
Estrella Jiménez, señaló que el 11 de febrero es una fecha dolorosa. “Desde el piso donde vivo veía cómo se quemaba mi capilla. Aunque logramos salvar muchas cosas, otras se perdieron. Seguimos luchando y esperando la ayuda del gobernador”, manifestó.

Asimismo, enfatizó que este año no han podido realizar bautizos ni primeras comuniones debido a la falta de un espacio adecuado.
A pesar de las dificultades, los habitantes de La Gran Victoria aseguran que la fe permanece intacta. Confían en que pronto podrán regresar a su capilla restaurada y reencontrarse como familia católica en su lugar de oración.

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