Plaza de los Enamorados: un rincón escondido en el corazón de Maturín

La plaza Juan Bautista Rojas, conocida popularmente como la plaza de Los Enamorados, es uno de esos espacios que Maturín guarda casi en silencio, como un tesoro a la vista de todos.
Son pocos quienes la identifican por su nombre oficial, pero muchos la reconocen como el lugar ideal para el romance. Quizás su ubicación estratégica y la frondosidad de sus árboles la han convertido, con el paso de los años, en un verdadero “nidito de amor”.

Según habitantes de la zona, la plaza posee un aura especial que, a partir de las tres de la tarde, comienza a atraer a decenas de parejas que acuden a practicar lo que en el argot popular venezolano se conoce como “pelar pava”.
Al caer la tarde, cuando el sol se despide lentamente para dar paso a la noche, el ambiente se llena de miradas cómplices y discretas conversaciones entre muchos que ya consolidaron su relación y se dan una espacada y aquellos quienes apenas comienzan a escribir su historia.

Los vecinos aseguran que, hasta donde tienen conocimiento, el espacio se ha caracterizado por el respeto y el romanticismo, siendo escenario tanto para parejas heterosexuales como del mismo sexo, en un ambiente de tranquilidad y convivencia.
Ubicada a pocos metros de la Catedral Nuestra Señora del Carmen, específicamente entre las calles Boyacá y Santo Domingo, la plaza se erige como un pequeño cuadrado verde en medio del dinamismo urbano.

Sus árboles aportan frescura, mientras los comercios cercanos dinamizan la economía local y ofrecen a los enamorados la posibilidad de adquirir alguna golosina o detalle sencillo para sorprender a esa persona especial.
Más que un espacio público, la plaza de Los Enamorados es un símbolo del romanticismo cotidiano que forma parte de la identidad de la capital monaguense.

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