El sabor de la empanada carupanera en Maturín es de Ana Villarroel

Desde hace casi tres décadas los habitantes de Maturín, que son amantes de las empanadas, han podido deleitarse con el sabor carupareno sin necesidad de salir de la ciudad.
Ana Villarroel, inició la actividad económica con una mesita y un reverbero que le brindó la oportunidad de paulatinamente ir creciendo mientras la clientela aumentaba.
Hace 28 años se instaló muy cerca de la entrada de Las Cocuizas y allí fue conquistado el paladar de quienes tienen la empanada como plato principal de desayuno e incluso de almuerzo.
Por ese lugar ha visto pasar muchas generaciones y ha podido escuchar cientos de historias, pero la suya es particular. Oriunda de Carúpano, vivió en Margarita y ese sazón lo trajo a Maturín.
En sus empanadas está la muestra de la costa venezolana, ese gentilicio que le coloca un toque de harina de trigo a la masa para que al freirla obtengan ese color dorado característico y la suavidad en cada bocado.
Con las empanadas, Ana sacó adelante a su familia, sorteó la pandemia por COVID-19 y ha sabido hacerle frente a la situación económica que atraviesa el país.
Quienes llegan al puesto de empanadas situado en la avenida Raúl Leoni, saben que no sólo disfrutarán de un buen sabor, sino de la experiencia que caracteriza a esta mujer.

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