Entre ruinas y recuerdos el "Tata" Solís es testigo silente del beisbol monaguense 

Lo que otrora vez fue símbolo del auge deportivo en el estado Monagas, hoy se desvanece entre el abandono. El estadio de béisbol Miguel “Tata” Solís, ubicado en la comunidad de Santa Inés, a pocos metros del parque Andrés Eloy Blanco, en el municipio Maturín, se encuentra en condiciones deplorables, sumido entre la basura, la maleza y el deterioro de la infraestructura.

Monagas, no solo es fútbol, también era reconocida por su tradición beisbolística, muestra de ello es que se construyeron en décadas pasadas importantes instalaciones deportivas que sirvieron de cantera para grandes talentos.

El "diamante" del “Tata” Solís refleja hoy el olvido. No solo el terreno de juego evidencia el abandono, sino todo el complejo deportivo.

Las torres que en otro tiempo iluminaron jornadas memorables, hoy no cumplen su función. El techo de las gradas fue removido, presuntamente por actos vandálicos, mientras que la estructura metálica ha sido desmantelada progresivamente. Caminar por sus espacios representa un riesgo, debido a la falta de soporte en varias áreas de la edificación.

A pesar del deterioro, el terreno de juego ha sido transformado por los vecinos del lugar, en un campo de fútbol donde se disputan partidos amistosos. No obstante, el resto del coso deportivo permanece en condiciones que los vecinos describen como “sacadas de una película de terror”.

De acuerdo con residentes del sector, el acceso al estadio en sus inicios no era sencillo, debido a que estaba ubicado en las afueras de la ciudad. Con el crecimiento urbano y procesos de ocupación de manera ilegal de terrenos cercanos, el abandono del recinto se acentuó progresivamente, pudiendo ser todo lo contrario y convertirse en el principal escenario de la zona donde niños y jóvenes practicaran deporte.

En su época dorada, durante la década de los 90, el estadio llegó a albergar hasta 8 mil espectadores, especialmente durante los encuentros de la Liga de Béisbol de Verano, cuando el estado era representado por el equipo Embajadores de Monagas, dirigido por el exgrandesliga Antonio Armas. Los “llenazos” eran frecuentes, consolidando al recinto como epicentro deportivo de la región.

Hoy, la infraestructura clama por ser incluida en planes de recuperación y rehabilitación deportiva. Especialistas del área deportiva y habitantes coinciden en que su rescate podría contribuir significativamente al renacer del béisbol en la entidad.

A escasos metros, el estadio de softbol presenta condiciones aún más críticas, lo que evidencia un panorama general de abandono en espacios destinados al desarrollo deportivo.

Una figura que dejó huella

El estadio rinde honor a Miguel “Tata” Solís, un cubano que llegó a Maturín a inicios de la década de 1950, como manager del equipo de béisbol profesional “Oriente”, propiedad de la Lotería de Oriente. Posteriormente, la franquicia sería vendida a lo que hoy es el Magallanes.

Solís decidió establecerse en la ciudad, donde se dedicó a formar nuevas generaciones de peloteros. Además, fundó la tienda “Todo en Deportes”, pionera en el ramo, ubicada en la esquina de la calle Bermúdez con calle 10, la cual dirigió personalmente hasta los años 70.

Recordado por su carácter jovial, su inseparable tabaco y su popular frase “Negocito bueno, caballero”, “Tata” dejó una huella imborrable en el desarrollo deportivo de la región.

Embajadores de Monagas: gloria y legado

La Liga de Béisbol de Verano vivió uno de sus momentos más destacados entre 1993 y 1994, generando gran entusiasmo a nivel nacional. En ese contexto surgieron los Embajadores de Monagas, equipo que hizo del estadio Miguel “Tata” Solís su casa.

En una publicación en la red social instagram, hecha por el reconocido JR Amndaray, se pudo conocer que el recinto fue reacondicionado tras los Juegos Nacionales de 1982 para albergar los encuentros del conjunto monaguense, que rápidamente se convirtió en protagonista. Las gradas llenas y el fervor de la afición marcaron una época dorada para el béisbol local.

Tras la desaparición de la Liga de Verano, surgió la Liga Nacional Bolivariana de Béisbol (LNBB), con el objetivo de mantener viva la disciplina. Sin embargo, esta también cesó operaciones, dejando un vacío en el desarrollo del talento emergente en el país.

Hoy, entre ruinas y recuerdos, el estadio Miguel “Tatá” Solís permanece como testigo silente de una historia gloriosa que espera una segunda oportunidad.

Tomas Leonett

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