El relojero del boulevard: un ícono de la Maturín de ayer

En el corazón del Boulevard Arriojas de Maturín, donde el ruido de la ciudad no descansa, se encuentra un hombre que muchos lo conocen como "El señor que arregla reloj", se trata de Miguel Antonio Barreto, un hombre de 81 años, que entre piezas de relojes y recuerdos, asegura que su mayor secreto es "vivir un día a la vez".
Sentado en su puesto, Miguel no solo ofrece servicios de relojería; ofrece una lección de vida. Con tres décadas ocupando el mismo espacio, recuerda sus inicios con una sonrisa "Empecé vendiendo relojes en la mano mientras recorría el boulevard".
Antes de ser el "relojero de confianza" Barreto fue un hombre de acción. Su juventud transcurrió entre las cuerdas del ring de boxeo, una pasión que lo llevó a Caracas y después recorrer Colombia, Ecuador y Perú.
"Dando trancazos por todos lados", recuerda que en el año 2000 se dio cuenta que el sueldo del deporte ya no era suficiente para sostenerlo, fue en ese momento cuando decidió emprender por su cuenta. Vendiendo reloj exhibiéndolos en sus manos mientras caminaba por el boulevard, cuenta que cuando comenzó solo vendía en las mañanas. Con el paso el tiempo y sus ganas de salir adelante siempre fueron más grandes, pasando de ser un vendedor ambulante comenzó a reparar en un banco de plástico, pasaron los años y Miguel sigue estando en el mismo lugar dando su servicio a todas las personas que lo necesiten.

Actualmente Barreto se encuentra de ocho de la mañana, hasta las cinco de la tarde. Barreto es un hombre que tiene una familia numerosa, diez hijas hembras que lo hacen el hombre más feliz.
A sus 81 años, Miguel no sabe lo que es estar enfermo. Vive alquilado en La Manga desde hace 10 años y se mantiene con lo que genera su oficio y algunos apoyos apoyos.
"El que se queja es porque no tiene fe", afirma para él, cada reloj que repara lleva una promesa sagrada, la garantía. Es su palabra de honor, la misma que le ha permitido ganarse el respeto de quienes transitan el centro de la ciudad.
Al preguntarle qué mensaje le gustaría darle a la juventud, respondió sin titubear "La vida es una sola y hay que saberla llevar", aconseja.
Miguel Antonio Barreto, es en definitiva un testimonio vivo de la Maturín trabajadora. Un hombre que, tras recorrer medio continente y criar a una generación de mujeres, encontró en la reparación de relojes la tranquilidad. Mientras sus manos le respondan, el tiempo en el Boulevart seguirá teniendo quien lo cuide, siempre con garantía y sobre todo, con mucha fe.
Pasante Rafael Rojas

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