Caso Moisés Buttó: un milagro llamado Milagros

En la calle 24-A del sector Viento Colao de Maturín, el calor no solo lo da el sol que se cuela entre las matas del lugar. También nace de gestos silenciosos, de manos que se extienden aun cuando no sobra nada. Allí, entre casas humildes y una carretera de tierra, se hace viva la vieja frase: hay más felicidad en dar que en recibir.

Esa premisa parece haber echado raíces en la vida de Milagros Cardiel, vecina del adolescente Moisés Buttó. Su nombre, más que coincidencia, parece describir lo que ha sido para el joven y su madre, Elena: un pequeño milagro cotidiano.

Milagros no habla desde la abundancia. Sus palabras vienen cargadas de sencillez, pero también de convicción. “Nunca hubo un no tengo o no puedo", dice la mujer, como si ayudar no fuese una opción, sino una forma natural de estar en el mundo. Mientras otros miraban de lejos, ella decidió acercarse.

Recuerda a Moisés desde que era apenas un niño. “Lo conocí cuando estaba pequeñito, estaba en una silla de ruedas, luego aprendió a rodar”. Recuerda la escena de ambos compartiendo helados bajo la sombra de los árboles del sector.

Con el paso del tiempo, la realidad de Moisés y su madre se hizo más evidente. La necesidad no siempre encontraba respuesta, y muchas veces, según relata Cardiel, la exclusión también tocaba su puerta. “Son vistos como marginales. Si ella no tenía para pagar la bolsa, no recibía los beneficios”, afirma, dejando entrever una realidad que duele más allá de lo económico.

Pero Milagros decidió actuar. “Pedí ayuda para ellos porque Moisés necesita mucho y yo le agarré cariño”, asegura. Su voz cambia de tono e intensidad cuando menciona a quienes, deberían haber estado presentes desde el inicio. “Los del consejo comunal deberían luchar por él y es todo lo contrario, no los toman en cuenta”.

La historia de Moisés Buttó logró visibilizarse, y con ello comenzaron a llegar manos solidarias desde instituciones del Estado y empresas privadas. Sin embargo, para Milagros, la mayor recompensa no está en los apoyos que hoy recibe la familia, sino en haber sido parte del camino que llevó a ese momento.

“Los ayudé desde mi necesidad, me siento feliz por ellos”, expresa, mientras su rostro refleja una satisfacción de esas que no se aparentan.

En medio de dificultades, Milagros es el ejemplo que la solidaridad no siempre nace de quien más tiene, sino de quien más siente. En ocasiones, ángeles no llevan alas, sino voluntad de ayudar.

Tomas Leonett

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