¿Cómo cuidar un tatuaje y dónde no hacerlo?

Antes y después de tatuarse hay que asegurarse de que la piel está en plenas condiciones. Rosmary Martín, especialista en dermatología médico-quirúrgica y venereología del Hospital Universitario Vithas Las Palmas, y Javier Pedraz, dermatólogo del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, nos dan las pautas para que nuestra piel con tatuajes luzca sana y se mantenga así.
Lo primero, dice Martín, “sería acudir a un dermatólogo para obtener una valoración previa que sirva para descartar cualquier patología previa, valorar la existencia de alergias y revisar si hay nevus, más conocidos como lunares”. Además, Pedraz añade que hay que asegurarse de que la piel esté en condiciones óptimas. “Esto quiere decir que no tenga ningún tipo de dermatitis, ni heridas, ni infecciones, ni quemaduras de ningún tipo. Tiene que estar convenientemente hidratada los días previos, con cremas emolientes. Hay que recordar que es importante evitar la exposición solar intensa o las famosas cabinas de rayo UVA dos semanas antes”.
Y, por supuesto, hay que realizar el tatuaje en un centro homologado que cuente con todos los requerimientos legales y sanitarios.
Pedraz aprovecha para explicar que ”el tatuaje es una agresión controlada a la piel, no es un procedimiento inocuo y tampoco está exento de algún efecto secundario”, ya que se pueden producir reacciones alérgicas a los componentes que se utilizan para realizarlo.
Zonas que hay que evitar tatuar
Hay que tener en cuenta que no se debe tatuar sobre zonas en las que haya lunares. “No está demostrado que puedan malignizar, pero siempre va a existir riesgo. No se recomienda tatuar sobre lesiones pigmentadas que sean sospechosas”, explica Pedraz. Y si hemos tatuado ya sobre un lunar hay que vigilarlo con frecuencia.
Por su parte, Martin recuerda que no conviene tampoco tatuar sobre zonas en las que haya cicatrices o con tendencia a cicatrizar mal porque pueden aparecer cicatrices hipertróficas o queloides. Como ejemplo pone la zona del escote y aconseja no hacer ningún tipo de tatuaje en ella. “También hay que evitar tatuar sobre lunares o en áreas con mucho daño solar para evitar que pueda enmascarar un posible cáncer cutáneo, al igual que las áreas con cicatrices recientes o postradioterapia”.
Otras zonas a evitar si queremos hacernos un tatuaje son las palmas de las manos y las plantas de los pies. Estas son zonas muy dolorosas y con una mayor pérdida del pigmento por lo que el resultado estético es bastante inestable. Además, Martín recuerda que las mucosas (labios, genitales) son zonas poco aconsejables por su alto riesgo de infección y la dificultad de la cicatrización.
Los expertos tampoco aconsejan tatuar en zonas con dermatitis, psoriasis, algún tipo de infección o verrugas o lesiones vasculares. “La cara y el cuello tampoco son muy recomendables porque el tatuador puede dañar alguna estructura de estas localizaciones”, añade Pedraz.
Crema anestésica: ¿sí o no?
Lo primero que hay que comentar es que si utilizamos una crema anestésica hay que hacerlo siempre con supervisión médica y en áreas delimitadas. Las más habituales suelen ser de lidocaina o prilocaína. Dicho esto, las cremas anestésicas se pueden utilizar cuando vayamos a hacernos un tatuaje pero no son lo más recomendable. “Obviamente, quita cierta molestia, pero puede modificar en parte la absorción de la tinta y favorecer la aparición de determinadas reacciones, tipo de eccemas”, explica Pedraz.
Cuidados postatuaje
Y cuando salimos con nuestro flamante tatuaje no ha terminado el trabajo, hay que seguir cuidando la piel. No sólo para que luzca bonito sino también para que la piel se mantenga sana, y estos cuidados son esenciales. Martín apunta que un tatuaje “debe considerarse como una cicatriz reciente, y como tal debería de cuidarse manteniendo unas medidas especiales de higiene consistentes en lavar suavemente con agua tibia y jabón neutro o syndet y secar sin frotar, con toques suaves”.
Piel más sensible
La piel tatuada es una piel que ha sufrido una agresión, igual que si tuviera una herida. Por eso en las primeras semanas tras el tatuaje será más sensible al roce y hay que evitar pequeños golpes que pueden inflamar la zona.
Además de utilizar protección solar de 50 en todo el cuerpo, el tatuaje no debe exponerse al sol al menos en el mes posterior a su realización, y mejor si es durante un mes y medio. “Siempre se debe utilizar factores de protección de 50. El sol acelera el envejecimiento del tatuaje y se pierde color a largo plazo”, explica Pedraz.

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