Juan Carlos: más que un vendedor un personaje de Maturín

Con 42 años de edad y una historia de vida marcada por la constancia, la simpatía y el esfuerzo diario, Juan Carlos Rujano se ha convertido en un personaje querido por muchos usuarios del transporte público en la capital monaguense. Aunque nació en Valera, estado Trujillo, desde niño llegó a Maturín junto a su madre, y desde entonces ha hecho de esta ciudad su hogar.
Rujano, quien fue estudiante de Comunicación Social, lleva más de 25 años vendiendo caramelos y golosinas en las unidades de transporte, un oficio que empezó casi por casualidad y que con el tiempo se transformó en su manera de vivir.
“Cuando comencé me daba miedo y hasta pena, pero siempre me ha gustado trabajar. Poco a poco le agarré el gusto y ahora siento orgullo de lo que hago. No cualquiera tiene este don de convencer, de hablar con la gente, de ser sociable y conectar con el público”, recuerda.
Desde entonces, cada mañana inicia su jornada temprano y recorre varias rutas hasta caer la tarde. Para él la rutina no es solo vender, sino ofrecer compañía, humor y cercanía a los pasajeros.
Su estilo carismático lo han convertido en alguien esperado por los usuarios, quienes reconocen su frase típica, “¡Cómprame algo, vale!”.
Rujano confiesa que este trabajo le ha dado mucha satisfacción “Son 25 años en esto, no es fácil, pero me siento orgulloso. Me gano mi dinero trabajando honradamente, aunque llego a casa cansado, bajo el sol y hasta la lluvia. Al final siempre agradezco a Dios por la bendición de un día más”.
Su esfuerzo también le ha permitido apoyar en parte a su familia. Aunque sus hijos viven en Brasil, asegura que siempre está pendiente de ellos.
A pesar de los años en las unidades, Rujano tiene claro que sueña con crecer en el comercio.
“Lo mío es el negocio. Aspiro a montar un local propio, ahorrar y trabajar hasta ver mi sueño cumplido. Sé que Dios me va a bendecir con eso”.
Mientras tanto, continúa con su rutina diaria, compartiendo con pasajeros y transportistas, a quienes respeta profundamente.
“Los admiro porque su trabajo tampoco es fácil, lidiar con el tráfico, el calor y tantas horas al volante. Ellos me han abierto las puertas y yo les estoy muy agradecido”.
Su carisma lo ha hecho destacar en un oficio que muchos miran de reojo.
“Este trabajo no es para cualquiera. Hay que tener psicología, saber tratar al cliente y hacerlo sentir bien. Eso me llena de satisfacción”, afirma.
Juan Carlos Rujano se despide con la frase que ya se ha convertido en su sello personal y que arranca sonrisas en los autobuses maturineses.
“¡Cómprame algo, vale!”
Foto: Carlos Rondón

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