13 de junio de 2018 | 228 Visitas hasta ahora...

¡Por Dios, reflexionen!

Por Asdrúbal Aguiar

En medio de aciertos y desvaríos la “oposición” venezolana es lo que es. No será diferente. Dos variables se lo impiden hoy, y hay la amenaza de que vómitos volcánicos tapen el espacio y densifiquen el aire, calcinándonos a todos.

Los cuerpos del régimen que nos oprime y sus oponentes, como lo afirma con extraordinaria lucidez Edgar Cherubini, ya no caerían solos y sin resistencias al vacío, con la misma velocidad.

No critico a la oposición por criticarla, pues para los demócratas, en especial para quienes cultivamos la libertad, construir libremente la democracia implica expresión y circulación de ideas, búsqueda y difusión de informaciones, posibilidad de indagar y cuestionar, exponer y reaccionar, coincidir y discrepar, dialogar y confrontar, publicar y transmitir.

Como reza la Declaración de Chapultepec, que rige a quienes integramos la Sociedad Interamericana de Prensa, “solo mediante la discusión abierta y la información sin barreras será posible buscar respuestas a los grandes problemas colectivos, crear consensos, permitir que el desarrollo beneficie a todos los sectores, ejercer la justicia social y avanzar en el logro de la equidad.

Por esto rechazo con vehemencia a “quienes postulan que libertad y progreso, libertad y orden, libertad y estabilidad, libertad y justicia, libertad y gobernabilidad son valores contrapuestos”. Rechazo, de suyo, el mesianismo, al dictador romano cuyo dedo salva o mata después de un espectáculo circense.

En la práctica de la democracia, solo sus enemigos cuestionan la crítica acre y dura de quienes hacen vida pública. En la contraposición dialéctica, a veces inclemente, fragua la opinión y se logra ver más allá de lo circunstancial. El ciudadano puede decidir en conciencia. En la administración de Justicia ocurre otro tanto.

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