El cielo que nos une y nos recuerda a quienes ya no están

En la tarde de ayer, la Gran Caracas y La Guaira no solo vieron un atardecer. Presenciaron un espectáculo de la naturaleza que detuvo la rutina, un estallido de color hermoso, un rojo y naranja intenso, tan intenso que parecía tocar el alma, se extendió todo el cielo de Venezuela, creando una de esas postales que solo puede regalarnos nuestra patria.
Pero mientras nos maravillábamos ante tal belleza, un pensamiento se coló entre el asombro. Este cielo, vibrante y poderoso, también es un recordatorio de nuestra fragilidad y de aquellos que ya no están.
No evita pensar en las ausencias de las personas Distrito Capital, La Guaira, Miranda, Aragua, Carabobo y Anzoátegui, toda Venezuela en general. Pensamos en aquellos que se marcharon demasiado pronto, en los que el terremoto nos arrebató. Hoy, sus memorias se funden con este paisaje de fuego.
Que sea un homenaje silencioso a los que nos faltan. Que sus almas encuentren en este cielo un reflejo de su luz y un cobijo para su descanso eterno. Y para nosotros, que seguimos aquí, que sea un recordatorio de que cada día es un bello regalo.
Hoy, más que nunca, Venezuela es un solo corazón que late al ritmo de su historia, de sus paisajes y de su gente que recordaremos siempre.
REDACCIÓN JENIRETT PEÑALVER

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