📰 CLASIFICADOS
Anuncios y avisos de la comunidad
🔍 VER CLASIFICADOS

La “mujer de negro” acechó a tres hombres en las carreteras de Monagas

Dicen los viejos cuentos que cuando la muerte anda suelta no hay quien la detenga. Algunos consideran que se trata de una superstición; otros aseguran que, tarde o temprano, termina encontrando a quienes tiene marcados.

Desde el viernes al domingo pasado, “la mujer de negro”, recorrió las carreteras de Monagas y dejó tras de sí una estela de dolor en hogares de la entidad.

La muerte no descansa, no duerme, se lleva a inocentes como aquellos que arrastran culpa de algo. La muerte camina, va en carro y desde hace algún tiempo prefiere viajar moto, como lo hizo el fin de semana que acaba de culminar.

La tambien llamada "pelona", transitó por el este, el oeste y el norte del estado. Como si siguiera una ruta previamente trazada, encontró a tres hombres que se desplazaban en motocicletas y cuyas vidas quedaron truncadas tras sufrir aparatosos accidentes.

La primera jugada macabra ocurrió en Caripito. Allí, Abner Aristimuño, de apenas 23 años de edad, resultó gravemente herido luego de impactar la motocicleta en la que viajaba contra otra unidad de dos ruedas. El fuerte golpe le ocasionó un traumatismo craneoencefálico que comprometió seriamente su estado de salud.

Quizas unas horas despues, la tragedia volvia a repetirse pero ahora  en Punta de Mata, capital del municipio Ezequiel Zamora. Néstor José Guanche, de 35 años, perdió el control de la motocicleta que conducía tras impactar contra una acera. El accidente le ocasionó severas lesiones que obligaron a su traslado a un centro asistencial.

La tercera historia se escribió de color rojo en Caripe. Carlos León, de 34 años, se desplazaba en motocicleta cuando, presuntamente, una ráfaga de viento le desprendió la gorra que llevaba puesta. Al mirar hacia atrás, perdió el control de la unidad y terminó derrapando sobre el asfalto.

En cada uno de los escenarios de estos siniestros, la muerte pareció esperar paciente. Permitió que las ambulancias llegaran, que los lesionados fueran auxiliados y que los médicos iniciaran la batalla por mantenerlos con vida. Sin embargo, la jugada final estaba reservada para otro lugar.

El desenlace se produjo en las instalaciones del Hospital Universitario Dr. Manuel Núñez Tovar (Humnt), en Maturín. En la sala de Trauma Shock se libró una lucha silenciosa entre la vida y la muerte. Monitores cardíacos, medicamentos, maniobras de reanimación y el esfuerzo incesante del personal médico marcaron las horas de incertidumbre.

Pero la batalla terminó con el mismo resultado para los tres casos. El sonido constante de los equipos médicos dio paso al silencio y al mejor estilo biblico; todo estaba consumado. Aristimuño, Guanche y León dejaron de respirar.

En los pasillos del principal centro asistencial del estado se escuchaban llantos, palabras entrecortadas y llamadas telefónicas que notificaban lo peor. Rostros bañados en lágrimas intentaban comprender lo ocurrido, mientras una misma interrogante parecía repetirse una y otra vez entre quienes recibieron la noticia ¿por qué, por qué tú?

La muerte salió ganando.

Tomas Leonett

Lea también:

Go up