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La muerte disfrazada de "vaca fantasma" acabó con la vida de un casabero

La muerte suele llegar sin avisar, silenciosa, inesperada y, a veces, envuelta en misterios que dejan más preguntas que respuestas.

La noche del pasado viernes 18 de septiembre, en la carretera de Aribí, al sur de Maturín, la "mujer de negro" se llevó la vida de un hombre trabajador, conocido por vender el casabe que elaboraba con sus propias manos. Desde entonces, una familia llora su ausencia y varias preguntas ronda entre quienes intentan entender lo ocurrido.

Henry Guatarasma, se desplazaba por aquella vía a bordo de una motocicleta recién comprada, gracias a su trabajo de producción y venta de casabe, con él viajaba su hijo de 14 años. Era un trayecto conocido, una ruta recorrida en innumerables ocasiones y que, probablemente, no hacía presagiar el desenlace que les esperaba.

La oscuridad dominaba la carretera. En el trayecto vial no hay señalización y la escasa iluminación convertía el camino en una extensa sombra. El foco de la motocicleta apenas permitía distinguir unos cuantos metros adelante, insuficientes para advertir cualquier peligro.

De repente, un golpe en seco rompió la tranquilidad de la noche. La motocicleta salió disparada por el aire y los cuerpos quedaron tendidos sobre el manto asfáltico, separados de la unidad por varios metros.

Henry murió en el lugar. Su hijo, quien inicialmente fue dado por fallecido, aún se aferra a la vida y permanece recibiendo atención médica en el Hospital Universitario Dr. Manuel Núñez Tovar (Humnt), en la capital monaguense.

Las primeras informaciones señalaron que el accidente ocurrió tras una colisión con un semoviente, presuntamente una vaca, sin embargo, el paso de las horas abrió la puerta a las dudas. El animal no apareció muerto ni herido. Tampoco había rastros de sangre o señales que evidencian que el impacto fue con un animal de cuatro patas. Solo quedaron las huellas de la tragedia humana.

“Es una vaca fantasma”, expresó de manera irónica Franklin Hernández, cuñado del fallecido, al referirse a la extraña ausencia del animal que, según la versión inicial, habría ocasionado el siniestro.

La familia sostiene interrogantes que aún no encuentran respuestas. Frente al sitio del accidente se encuentra una finca cuyo portón, aseguran, permanecía cerrado. ¿Cómo salió la vaca? ¿A quién se le ocurre trasladar un ganado en plena oscuridad? Son preguntas que hoy acompañan el dolor de los familiares de Guatarasma.

Los parientes del productor de casabe piden a las autoridades ejecutar una investigación exhaustiva, consideran que existen elementos que no coinciden con la versión conocida hasta ahora y temen que la escena haya sido alterada.

Más allá de las dudas que rodean el caso, hay una realidad innegable: una familia perdió a su principal sostén. Henri Guatarasma dejó a una esposa que recientemente dio a luz y a siete hijos, el menor, tiene apenas unas semanas de nacido.

En Temblador, capital del municipio Libertador, donde el hombre era conocido por vender el casabe, muchos recuerdan su esfuerzo y la humildad con la que construyó el sustento de los suyos.

Mientras el adolescente lucha por recuperarse y la familia espera respuestas, la carretera de Aribí guarda el silencio de aquella noche y el misterio de una tragedia que, para sus seres queridos, aún no está completamente esclarecida.

Tomas Leonett

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