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La libertad de expresión, las denuncias de fraude de Trump y Venezuela

Por: Manuel Isidro Molina  |   3 Dic, 2020 - 6:34 pm

Esta es una discusión muy seria e interesante. Alguna gente cree que la “libertad de expresión” y el “derecho a la información” dan para todo, decir al público lo que se le ocurra o lo que le venga en gana; y no es así.

Los medios tienen un compromiso con la verdad y con el bien común. En forma individual, cada periodista tiene el compromiso profesional de no mentir ni manipular, pero no pocos lo hacen saltándose las barreras de la ética que norman en todo tiempo el uso de los medios (y redes sociales) y el buen vivir en comunidad. El periodista busca informaciones, evalúa los hechos y jerarquiza las noticias y opiniones. Como hecho social, el manejo de los medios es un proceso colectivo y complejo que exige mucha responsabilidad, aunque no lo percibamos.

Cuando una persona o comando político denuncia “fraude” debe aportar pruebas o indicios suficientes que lo soporten: ¿qué ocurrió el año pasado en Bolivia? ¿qué ha sucedido en Venezuela, 2013 2017, 2018? ¿Y qué ocurrirá el 6-D? ¡Fraude cantado!

En el caso de Trump es más grave por ser presidente en ejercicio de EEUU, y sus mensajes mendaces podrían haber desatado una conmoción nacional como en Bolivia o una crisis autodestructiva como en Venezuela. Y sus consecuencias hubiesen afectado al mundo entero, por razones obvias.

En EEUU, las leyes estadales permiten la revisión o reconteo de votos, si la diferencia entre los dos principales contendores queda en 0,5 o 1 por ciento, lo que está ocurriendo en algunos estados. El peticionario paga los costos de reconteo. Este derecho ha sido puesto en marcha por Donald Trump en varios estados que han sido ganados por Joe Biden por escaso margen.

Lo que no es admisible es que Trump, desde la Casa Blanca, diga que le han hecho “fraude” porque están contando los “votos anticipados”, que en esta oportunidad han superado la cifra récord de 100 millones de votos.
Las leyes electorales estadales admiten -históricamente- el conteo de votos anticipados recibidos por correo hasta diez días después de la fecha de votación, en unos casos, tres días en otros y alguno solo acepta los recibidos hasta el día de la votación. Trump no tiene derecho alguno a “ordenar” que no se cuenten esos votos anticipados, simplemente por considerarlos fraudulentos: perfectamente sabe, como lo sabe el mundo, que mayoritariamente son votos demócratas.

El impacto de la censura televisiva a Trump será grande, en EEUU y el mundo: ¿Tiene derechos a mentir descaradamente un Presidente? ¿Tiene derecho a provocar conmoción pública? ¿Lo tiene algún factor de poder?

En Venezuela, por ejemplo, el gobierno Chávez/Maduro secuestró los medios públicos de forma brutal, sectaria y excluyente, hasta convertirlos en cajas de propaganda, censura y manipulación. Llegan al extremo varios programas, en los que sus productores estigmatizan y se burlan en forma degradante de las personas, premeditada e impunemente. Todo eso comporta delito y violación de claras pautas constitucionales. Constituye abuso de poder, lo que precisamente ha pretendido hacer Donald Trump durante la campaña electoral y después de las elecciones que va perdiendo.

Para mí es claro que toda libertad tiene límites establecidos por la sociedad misma mediante normas constitucionales y legales; y también, que su ejercicio debe ser responsable, desde los medios y a través de los medios.

Para Trump, su derrota ha sido traumática; y sus efectos en él pueden llevarlo a perturbaciones mentales y conductuales propias de su personalidad. Esta censura televisiva que le han aplicado, más la calificación de inconsistentes a sus falsas afirmaciones y llamados irresponsables en casi todos los medios en EEUU, son un vivo ejemplo a ser analizado como herramienta de trabajo profesional y conducción de medios de comunicación social en el mundo.

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