Hay que votar

Por: Luis Eduardo Martínez  |   24 Nov, 2021 - 9:46 am

El domingo 21 de noviembre se realizarán elecciones regionales y municipales en Venezuela. Gobernadores, alcaldes, diputados y diputadas regionales y concejales resultarán del voto popular que es la clave para el fin de la confrontación fratricida y la búsqueda en paz de soluciones a la recurrente sumatoria de crisis que enfrentamos.

Es cierto que cada uno de los setenta mil y tantos candidatos persigue ganar, pero más allá de quienes resulten favorecidos lo mas importante es retomar el camino del voto y hacer posible dirimir nuestras diferencias votando.

Durante buena parte de nuestra existencia como República el voto fue privilegio de pocos. Hasta 1947 solo los hombres, mayores de 21 años, que supieran leer y escribir -en un país de mayorías analfabetas- y “con bienes de fortuna” podían votar en comicios de segundo o incluso tercer grado cuando no fueron revueltas armadas las que abrieron las puertas del poder.

El voto universal, directo y secreto fue una conquista posible tras la caída del último de los herederos del gomecismo y permitió a los venezolanos vivir en democracia si bien la primera etapa fue corta porque un golpe militar derrocó al gobierno del maestro Rómulo Gallegos, salido de comicios con una amplísima participación. A pesar del abrupto fin, el voto quedó sembrado en el sentir de nuestros connacionales.

En las elecciones de la Asamblea Constituyente de 1952 y aun en el plebiscito de 1957, en las presidenciales y legislativas a partir de 1958, en las elecciones regionales y municipales desde 1989, los venezolanos respondieron a cada convocatoria a votar masivamente y se expresaron con mas o menos suerte en las mesas de votación. Fue en el referéndum de 1999, por la Constitución, cuando por vez primera en décadas se llamó a la abstención, llamado que en mi caso como millones no acaté porque opinaba era un error garrafal que además no tendría ningún efecto práctico como así fue.

El promover quedarse en casa se repitió en las legislativas del 2005 y a pesar de los sin fin de juramentos que no se insistirá en tal, por reconocer sus promotores que eran una monumental equivocación, en las municipales del 2017, en las presidenciales del 2018 y en las parlamentarias del 2020, una “dirigencia” divorciada del trabajo en las bases retomó el camino fácil de abstenerse mientras esperaban que desde afuera algunos hicieran lo que ellos desde adentro no eran capaces de hacer.

Hoy se está de vuelta: los que ayer llamaban a no votar ahora son candidatos, los que hasta hace nada llamaban a abstenerse ahora se suman a quienes nunca nos apartamos un milímetro de la convicción que es votando como se puede cambiar en paz. Confieso que me sorprende que pasen de un extremo a otro sin una excusa, sin una explicación y que a veces dudo de su buena fe, pero obviándolo me alegra mucho que se entienda que votar es nuestra única opción para que el mañana sea distinto.

Hay que votar ha sido mi llamado desde muy joven y no he dejado de votar una sola vez desde que cumplí 18 años. Hay que votar reitero y fíjense que no llamo a votar por candidatos o colores en particular, sino que llamo a votar, por que si votamos ganamos todos.

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