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Yorman Gómez: tener huesos de cristal no me limitará a ser un gran ingeniero

Según el dicho popular, las cosas buenas vienen en presentaciones pequeñas. Yorman Gómez es el mejor ejemplo de ello. Con apenas 21 años, el joven monaguense ha demostrado que la verdadera fortaleza no está en el cuerpo, sino en la determinación con la que se enfrentan los desafíos de la vida.

Antes de nacer fue diagnosticado con osteogénesis imperfecta, una enfermedad conocida como "huesos de cristal", condición que, de acuerdo con su madre, Yusmeli Gómez, le ha provocado más de 75 fracturas en distintas partes del cuerpo.

Sin embargo, para Yorman esa enfermedad nunca ha representado una limitante. Por el contrario, se ha convertido en un impulso para seguir adelante y demostrar que los sueños pueden cumplirse con esfuerzo, perseverancia y actitud positiva.

Su rutina diaria transcurre sobre una silla de ruedas. En ella se traslada hasta la clínica del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), donde forma parte del personal del departamento de Sistemas, un espacio en el que pone en práctica la pasión que siente por la informática mientras continúa formándose profesionalmente.

Aunque su deseo inicial era estudiar en la Universidad De Oriente (UDO), optó por la Universidad Nacional Abierta (UNES), debido a que cuenta con estudios a distancia, modalidad que se adapta mejor a sus condiciones de movilidad.

Su formación académica comenzó en la Escuela Especial Luisa Cáceres de Arismendi. Posteriormente fue incorporado a una institución de educación regular, donde se graduó como técnico medio con uno de los mejores promedios de su promoción.

Además de mantener el tratamiento médico con calcio y magnesio, que adquiere cuando sus posibilidades económicas se lo permiten, Yorman lleva una alimentación basada en vegetales y verduras. No obstante, asegura que su principal fortaleza es mantener siempre una sonrisa y una actitud optimista frente a la vida.

"Tal vez mucha gente habla cosas negativas a mis espaldas, pero yo no les hago caso. Siempre trato de ver las cosas buenas, me gusta socializar e integrarme. He tenido la dicha, quizás por mi carisma, de sentirme aceptado", comenta.

Como cualquier persona, también ha tenido momentos de reflexión. En más de una ocasión se ha preguntado cómo sería su vida si pudiera caminar. Sin embargo, lejos de lamentarse, afirma sentirse agradecido por el camino recorrido.

"Me siento a gusto, no me quejo y soy conforme. Quizás esto sea una prueba y estoy seguro de que la voy a superar", expresa.

La última fractura la sufrió hace cuatro años. Desde entonces convive con pequeñas microfracturas que le ocasionan molestias constantes, pero ninguna de ellas ha logrado quebrantar su mayor sueño: convertirse en un reconocido ingeniero en sistemas y crear su propia empresa. "Quiero que cuando la gente hable de mí diga con cariño que lo logré a pesar de mi condición".

Un sueño que necesita apoyo

Aunque continúa sus estudios con entusiasmo, Yorman enfrenta una importante limitación tecnológica. La única computadora que posee es una Canaimita que tiene aproximadamente 13 años de uso, un equipo que ha sido reparado y actualizado en múltiples ocasiones, pero que ya no responde a las exigencias de una carrera como Ingeniería en Sistemas.

"Este equipo no soporta procesamientos de datos muy grandes; no tiene esa potencia", explica.

Por ello, hace un llamado a instituciones públicas, empresas privadas y personas de buen corazón que puedan colaborar con la adquisición de una computadora que le permita culminar sus estudios en mejores condiciones.

Para Yorman, graduarse no representa únicamente una meta personal. Significa también la posibilidad de brindar una mejor calidad de vida a su familia y convertirse en un ejemplo de que ninguna discapacidad puede impedir alcanzar los sueños cuando la voluntad es más fuerte que las dificultades.

Tomas Leonett

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