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Monagas: un destino que sabe a tradición familiar

La riqueza gastronómica del estado convierte cada viaje en una experiencia llena de identidad, historia y sabores únicos.

Cuando se habla de turismo, la imagen que suele venir a la mente es la de paisajes imponentes, montañas, ríos, cascadas o algún balnearios. Sin embargo, viajar también es descubrir los sabores que cuentan la historia de un pueblo, degustar recetas heredadas por generaciones y dejarse conquistar por aromas que permanecen en la memoria mucho después de regresar a casa.

Monagas es precisamente uno de esos destinos donde la gastronomía se convierte en una experiencia tan importante como sus atractivos naturales. En esta tierra oriental, cada municipio posee una identidad culinaria propia que refleja su historia, geografía y tradiciones familiares.

Los sabores de Monagas no son capítulos, son un “condumio” que dan identidad a cada zona del estado, porque si algo tiene está porción de más de 28 mil Kilómetros cuadrados es que expresa fielmente la canción de Guaco. “Cada región tiene sus cosas sabrosas y esas cosas tienen aroma y color”. En Monagas, además de aroma y color, esas cosas tienen sabor, mucho sabor.

Una tierra de múltiples sabores

A diferencia de otras regiones venezolanas identificadas por un plato específico, (Zulia con su patacon o arepa tumbarrancho, Merida conocida por su pizca andina o Bolívar por su sapoara), Monagas destaca por la diversidad de su cocina. Pero ¿A que sabe esta tierra de gracia situada al oriente del país?

Sus extensas llanuras, montañas, ríos y costas fluviales han dado origen a una gastronomía variada que combina ingredientes autóctonos, influencias indígenas y tradiciones campesinas.

Recorrer las carreteras monaguenses es encontrarse con puestos donde se ofrecen cachapas de maíz tierno, arepas peladas y piladas, ajiceros, frutas frescas y dulces tradicionales que forman parte de la cultura gastronómica local.

Para la periodista Silvia Sánchez, resulta imposible definir a Monagas con un solo sabor.

“Monagas sabe a llano, a maíz tierno que se transforma en olorosas cachapas acompañadas por queso de vaca o de búfala. Sabe a carne jugosa criada entre buenos pastos y mucho sol. Sabe a tradición, a recetas desarrolladas para brindar afecto”, afirma.

Asimismo, destaca la variedad de dulces tradicionales como el dulce de lechosa, la jalea de mango, los coscorrones, las mermeladas y conservas elaboradas con frutas propias de la región. “Pero sobre todo, Monagas sabe a familia. A la que se reúne alrededor de un sancocho, comparte historias y celebra la vida”, agrega.

El periodista Jorge Hernández, creador del programas Monagas Gourmet, considera que la esencia culinaria del estado está representada en los sancochos y sopas que se preparan en cada rincón de la entidad.

“Es imposible encasillar a Monagas en un solo olor o sabor. Si tuviera que escoger uno, serían sus sancochos o sopas, porque en las distintas regiones tenemos esos caldos tanto de res como de pescado que nos definen dependiendo del municipio, siempre acompañados por casabe y un toque de picante”, señala.

Una opinión similar comparte el presidente de la Cámara Gastronómica de Monagas, quien considera que la cocina local representa una verdadera síntesis de Venezuela.

“Monagas sabe a familia, a historia y a esencia. Aquí convergen sabores del oriente venezolano, de los llanos y del Delta. También están presentes nuestras raíces indígenas y las influencias que llegaron con el desarrollo petrolero. Por eso podemos decir que Monagas sabe a Venezuela”, expresó.

Una despensa llena de identidad

Cada municipio aporta ingredientes y preparaciones que enriquecen la oferta gastronómica regional.

En la zona norte, conformada por los municipios Caripe, Acosta y Piar, destacan platos emblemáticos como el sancocho de guaraguara, además de las famosas fresas con crema, las naranjas, ciruelas y el café cultivado en las montañas.

El sur monaguense, integrado por Libertador, Sotillo y Uracoa, ofrece sabores vinculados a la pesca y la tradición fluvial, con preparaciones como el coporo frito, el guisado de busco y el tradicional pisillo de baba. También destacan dulces típicos como el chorroncho y las populares cagaleras elaboradas con papelón.

Entre los municipios Bolívar y Punceres se produce uno de los mejores cacaos del país, reconocido incluso en escenarios internacionales como el Salón del Chocolate de París.

Por su parte, Aguasay ha convertido la pepa de merey y el helado de moriche en símbolos gastronómicos locales, mientras que Santa Bárbara es reconocida por la calidad de su miel.

Maturín, capital del estado, concentra buena parte de esta diversidad culinaria. La cachapa con queso y carne en vara de El Zamuro, los dulces del Corozo, las cocadas del Bajo Guarapiche, el casabe y la gastronomía multicultural que caracteriza a la ciudad forman parte de una oferta que cautiva tanto a visitantes como a residentes.

Gastronomía con sello familiar

La tradición culinaria monaguense también se refleja en empresas que han convertido recetas familiares en productos reconocidos dentro y fuera del estado.

Un ejemplo es Don Pedro, empresa nacida de una receta artesanal de picantes que hoy cuenta con una amplia línea de productos elaborados bajo estándares de calidad que mantienen la esencia de sus orígenes familiares.

Una empresa con arraigo familiar, sabe que la clave del éxito está en el amor, la pasión y el ambiente familiar que se ha trasladado hasta cada uno de los cientos de trabajadores que laboran en la planta de la capital monaguense.

La selección de productos de alta calidad marca la diferencia en Don Pedro, lo que la ha consolidado como la empresa bandera con sello 100 % monaguense.

A ello se suma Lácteos Bufalinda, con más de cuatro décadas de trayectoria en la producción de derivados lácteos provenientes de rebaños bufalinos criados en tierras monaguenses, consolidándose como referencia nacional en el sector.

Durante una transmisión, el gobernador de Monagas, Ernesto luna, explicó las potencialidades de esta unidad de producción agroindustrial y como puede ser aprovechada para el beneficio del pueblo venezolano.

“Nosotros estamos trabajando de la mano con el sector privado para fortalecer la economía del país y esta es una muestra indiscutible de que cuando hay voluntad para hacer las cosas todo se puede lograr. La meta es convertir a Monagas en una potencial agroindustrial y con el esfuerzo de todos y todas lo vamos a lograr”, dijó el mandatario regional

Rescate y fortalecimiento de lo hecho en casa

Con el propósito de preservar las tradiciones culinarias y fortalecer el gremio, recientemente fue creada y juramentada en mayo pasado, la Cámara Gastronómica de Monagas, la primera organización de este tipo en la entidad.

“Estamos convencidos de que la gastronomía es el alma del turismo. No hay viaje que se recuerde sin un sabor que lo acompañe. Hoy la mesa monaguense se proyecta como un motor productivo real para el país. Nuestra cocina cargada de historia y productos de nuestra tierra, es una herramienta poderosa para generar empleo, identidad y desarrollo económico”, recalcó Gerardo Arnáudez, al pronunciar su discurso, posterior a su juramentación junto al equipo multidisciplinario que lo acompaña.

La institución busca rescatar recetas tradicionales, promover la despensa local, impulsar la formación profesional y consolidar a la gastronomía como un motor de desarrollo económico y turístico.

Además de potenciar los rubros bandera de la región, Arnaúdez destacó que existe una deuda pendiente con las tradiciones dulces de la zona, las cuales se vieron afectadas por dificultades económicas. El plan del gremio contempla el rescate de la dulcería criolla local, la cual, perdió un espacio importante en el mercado y en la identidad cotidiana.

«Tenemos que impulsar y mostrar todo lo de esta parte; por ejemplo, la dulcería criolla de El Corozo, que se produce en el estado, eso quedó un poco abandonado», afirmó Arnaúdez, haciendo hincapié en la necesidad de reactivar la producción y comercialización de estos postres típicos.

Un destino para saborear

Más que una colección de recetas, la gastronomía monaguense representa una forma de vida. Cada plato cuenta una historia familiar, cada ingrediente habla de una comunidad y cada preparación refleja el orgullo de quienes mantienen vivas las tradiciones.

Monagas es un territorio donde los sabores dulces, salados, ácidos y picantes conviven armoniosamente para ofrecer una experiencia auténtica a quienes lo visitan. Porque si algo caracteriza a esta tierra oriental es que en cada fogón nace una historia, en cada mesa se comparte una tradición y en cada plato se sirve una invitación para volver.

 

¡Buen provecho!

Tomas Leonett

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