¿Mamá, volvieron los apagones?

El lunes 21 de septiembre, Luis Manuel, regresó a su aula de clases, tal como lo había anunciado el ministro de Educación. El sueño amenazaba con ganarle la batalla, pero con ayuda de su madre logró levantarse. A las 7:05 de la mañana sonó el timbre del colegio dando inicio oficialmente el año escolar 2026-2027.
La jornada transcurrió con normalidad, hasta que pasadas las 11:00 de la mañana, llegó la hora de regresar a casa. En el colegio, ubicado en pleno centro de Maturín, no había Programa de Alimentación. El hambre comenzó entonces a hacerse sentir y el estómago empezaba a ejecutar sus acostumbrados ruidos.
A las 3:00 de la tarde llegó la hora del fútbol. Hasta ese momento, todo marchaba según lo previsto. Pero a las 5:00 ocurrió algo que, al menos durante las últimas semanas, parecía haberse convertido en un recuerdo.
Durante días, muchos habían respirado con cierto alivio porque los cortes parecían haber disminuido. “Los apagones se acabaron”, comentaban algunos. Pero esa tarde, el circuito quedó nuevamente fuera de servicio y la rutina de las interrupciones eléctricas volvió a tocar la puerta.
A las 6:00 de la tarde, mientras el sol comenzaba a despedirse, Luis y su familia regresaban a casa por la avenida Bicentenario. En la calle, dos sonidos parecían disputarse el protagonismo: las cornetas de los vehículos atrapados en una larga fila, debido a que el camión del aseo urbano cumplía con su recorrido y el rugido constante de las plantas eléctricas de los comercios que intentaban mantener sus puertas abiertas para evitar pérdidas.
Tarea para el hogar
La maestra había asignado varias actividades, entre ellas una investigación que Luis Manuel, debía realizar. No podía hacerla porque no tenía el libro. Su plan era utilizar el teléfono de Maryuris, su mamá, para buscar la información, pero había un problema: la batería del celular también estaba en juego.
A las 7:00 de la noche, buena parte del centro de la llamada “corazón de Oriente” estaba a oscuras. Solo algunos comercios que contaban con combustible para mantener encendidas sus plantas eléctricas continuaban trabajando. Otros no tuvieron alternativa y bajaron sus santamarías.
En medio de aquella penumbra, Luis Manuel, permanecía sentado en el mueble de la casa. Desde el apagón masivo ocurrido hace unos años atrás le había quedado cierto temor a la oscuridad. Por eso, aquella noche, mientras esperaba que regresara el servicio, hizo una pregunta que resumía el desconcierto de la familia:
—Mamá, ¿volvieron los apagones?
Desde la cocina, su madre intentaba preparar la cena a la luz de una vela. Sobre el budare colocó cuatro arepas que posteriormente serían rellenadas con queso. —No sé, hijo. Esa debe llegar ahorita —respondió.
—Si no llega la luz y mañana la maestra pregunta por qué no hiciste la tarea, le dices lo que ocurrió —agregó su progenitora. Quizás sin saberlo, aquella misma explicación también tendría que darla la maestra, porque la falta de electricidad no distinguía entre alumno y docente.
El cansancio del primer día de clases, sumado a las prácticas de fútbol y a las horas de espera en medio de la oscuridad, terminaron por vencer a Luis. Cuando su madre lo llamó para cenar, faltando pocos minutos para las 8:00 de la noche ya Morfeo había hecho su trabajo y unos leves ronquidos se escuchaban desde el mueble.
Habían transcurrido apenas tres horas desde que se fue la electricidad y nadie imaginaba que todavía faltaban tres horas más.
La familia intentó hacerle frente a la situación. Conversaron, esperaron y le dieron largas a la noche, pero el tiempo pasó y los esfuerzos terminaron siendo infructuosos. Uno a uno de los integrantes de la familia fueron ocupando sus camas.
A las 11:30 de la noche, cuando parecía que la espera se convertiría en madrugada, un estallido de alegría rompió el silencio. Los aires acondicionados volvieron a encenderse y algunas luces en la casa quedaron prendidas porque sus ocupantes ya dormían.
La electricidad había regresado después de seis horas de interrupción. Pero la historia no terminó allí.
El martes 22 de septiembre, el calendario gregoriano apenas había cambiado de página y la escena volvió a repetirse. Esta vez, el corte comenzó alrededor de las 4:00 de la tarde y el servicio fue restituido cerca de la medianoche. ¡Ocho horas sin electricidad!.
Mientras en otros escenarios, al norte del continente americano las autoridades hablan de venezolanos felices, bailando y disfrutando de su realidad, en Maturín una familia esperaba frente a una vela que regresara la luz.
Y en medio de la oscuridad, una pregunta infantil volvió a convertirse en la voz de una ciudad que creía haber dejado atrás aquellos días: Mamá, ¿volvieron los apagones?

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