Francisco Gómez: un joven investigador maturinés con proyección internacional

La pasión por la investigación y el deseo de generar soluciones sostenibles han convertido a Francisco Gómez en un ejemplo de perseverancia y compromiso con el desarrollo científico desde la ciudad de Maturín.
Con apenas 29 años, este joven investigador ha logrado transformar una iniciativa familiar en un innovador proyecto de producción agroecológica que combina la acuaponía, la apicultura y el cultivo de plantas en espacios reducidos. Su laboratorio y vivero, ubicados en la comunidad de La Muralla, se han convertido en un modelo de aprovechamiento sostenible de recursos y producción de alimentos.

Lo que comenzó como una actividad para distraer a su hermana durante su lucha contra el cáncer, terminó convirtiéndose en un estilo de vida y en una propuesta científica con importantes avances investigativos.
Actualmente, Gómez impulsa el proyecto denominado Urbano de Bio-Conversión Cíclica Agro-Sostenible en Acuaponia, una iniciativa que permite la producción simultánea de peces, plantas y abejas productoras de miel mediante sistemas integrados y amigables con el ambiente.

Entre tanques, sistemas de oxigenación de agua y una gran variedad de especies vegetales, Francisco ha logrado desarrollar un sistema capaz de producir tilapias de considerable tamaño, comparables con las que se comercializan en grandes cadenas de supermercados.
“Esta actividad me ha permitido cubrir parte de la alimentación de mi hogar y también ofrecer productos a muy bajo costo a mis vecinos”, comenta el joven investigador, quien destaca el impacto social que ha tenido el proyecto dentro de su comunidad.

El sistema también incluye la producción de plantas en acuaponía, alimentos vivos y la cría de abejas autóctonas. Las flores generadas por los cultivos favorecen el proceso natural de polinización, permitiendo posteriormente la producción de miel en las colmenas instaladas dentro del proyecto.

Sin embargo, sus aspiraciones van mucho más allá de la producción a pequeña escala. Gómez asegura que el siguiente paso es ampliar significativamente la capacidad operativa de su iniciativa, razón por la cual solicita apoyo institucional a través de créditos o financiamientos que le permitan fortalecer la infraestructura existente.
Asimismo, considera que su espacio puede convertirse en un centro de formación e investigación para estudiantes universitarios y futuros profesionales interesados en áreas como la biología, la acuicultura, la producción sostenible y la agroecología.

“Busco que este proyecto se transforme en una empresa de investigación donde podamos establecer convenios con universidades locales y regionales para que los estudiantes desarrollen sus tesis y proyectos científicos”, expresó.
Con visión de futuro y una firme apuesta por la innovación, Francisco Gómez demuestra que desde los espacios más modestos pueden surgir iniciativas capaces de contribuir al desarrollo científico, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad ambiental de Monagas y Venezuela.

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