Armando Pino: de La Guaira a Maturín para volver a empezar

Cada mañana, antes de que el sol caliente las calles de Maturín, Armando Pino abre una pequeña sombrilla, acomoda una vieja mesa y coloca sobre ella algunos tabacos, cigarrillos y café. Esa improvisada venta es hoy su único sustento, luego de perderlo todo en el terremoto del pasado 24 de junio que sacudió Caracas y La Guaira.
A sus 86 años, este hombre volvió a la tierra que lo vio nacer. Salió de Maturín cuando era apenas un niño para radicarse en La Guaira, donde pasó casi toda su vida. Allí formó su hogar con esfuerzo, la casa que en cuestión de segundos quedó reducida a escombros.
Pero el terremoto no solo le arrebató su vivienda. También le dejó el dolor más grande que ha sentido en toda su vida, desde ese día no volvió a saber de una de su hija.

"Eso es lo más feo que me ha pasado en el mundo", dijo.
Armando asegura que ha sobrevivido a dos de las tragedias naturales más devastadoras que ha vivido el país. Primero logró salir con vida del deslave de La Guaira y ahora volvió a sobrevivir a un terremoto que lo dejó sin hogar y con una profunda herida en el corazón.
Hoy vive en la casa de un hermano en Maturín, a quien agradece por abrirle las puertas . Sin ese apoyo familiar.
Confiesa que las noches son las más difíciles. El miedo no lo abandona desde el día del sismo.
"Esta mañana me levanté llorando", relata. "No duermo bien, todo me da miedo".
A pesar del dolor, cada día instala su pequeña mesa frente a la vivienda de su hermano, frente a la urbanizacion Las Trinitaria, Sector las Floresta en Maturín, con la esperanza de vender algunos tabacos, café o cigarrillos que le permitan comprar comida.
"No tengo casa, no tengo nada. Tengo 86 años y voy a seguir echando para adelante porque Dios sabe lo que hace", expresó.
Hace un llamado a las personas de buen corazón para que le tiendan una mano. No pide lujos, solo una oportunidad para seguir trabajando.
"Que me ayuden con algo que yo pueda vender aquí. Cualquier ayuda es bienvenida", dice.
El señor Pino deja un mensaje que nace desde el dolor de quien ha visto cómo la vida puede cambiar en un instante.
"Mi consejo para todos es que Dios los cuide y que nunca les pase lo que me pasó a mí".
Hoy, bajo una sencilla sombrilla y detrás de una pequeña mesa, Armando Paredes no solo vende tabacos y cigarrillos; también intenta reconstruir, poco a poco, una vida que las tragedias le arrebataron, sin perder la esperanza de que una mano solidaria le permita volver a empezar.
Foto: Carlos Rondón

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