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Amor y devoción detrás de la capilla de la Virgen del Valle en Los Godos

A orillas de la carretera en el sector Los Godos de Maturín, una pequeña capilla resguarda la imagen de la Virgen del Valle, regalando bendiciones tanto a los vecinos de la comunidad como a los transeúntes que a diario recorren la zona.

Sin embargo, detrás de sus paredes habita una historia de amor, fe entrañable y memoria familiar que trasciende el tiempo y se renueva cada 8 de septiembre.

La devoción que hoy conmueve al sector fue sembrada por la señora Del Valle, una mujer que inculcó en su hogar un profundo amor por la Patrona del Oriente venezolano. Tras su partida física, su legado quedó impregnado en el corazón de su esposo, el señor José Granados y sus siete hijos, quienes desde entonces veneran a la también llamada "Reina del Mar" con el mismo afecto y respeto.

El señor "Cheo", como le llaman en el sector, recuerda con emotividad que la edificación actual de la capilla, es la materialización de un sueño que su esposa no llegó a ver concretado en vida, debido a que falleció dos años antes de que se culminara la obra.

«La tradición aquí la empezó mi esposa, quien lamentablemente partió de este plano. Allí donde actualmente está la capillita había una más pequeña, y ella siempre quiso hacer una más grande y bonita, digna de la Virgen. Si se fijan, la puerta está orientada hacia nuestra casa, como una muestra viva de su deseo y de su presencia entre nosotros», relata .

Para la familia, la Virgen del Valle no es solo una imagen religiosa; es el pilar que los mantiene unidos y la confidente de sus oraciones diarias.

«Para nosotros lo es todo, después de Dios, ella. A ella le pedimos todos los días y no solo nos escucha, sino que cumple lo que le pedimos», asegura el señor José, quien junto a sus hijos ha asumido el compromiso sagrado de mantener viva la promesa.

Cada 8 de septiembre, el sentimiento de arraigo familiar se renueva. Como símbolo de profunda gratitud y fe, la familia viste a la imagen con un traje nuevo en acción de gracias por los favores recibidos durante los últimos 365 días.

La jornada festiva trasciende las puertas del hogar y se convierte en un encuentro comunitario donde se ofrece un compartir para vecinos y visitantes, no falta la música, el rezo del santo rosario y el recordatorio de las anécdotas que uno que otro vecino ha tenido con "vallita".

Más allá del ámbito familiar, para el señor Cheo la festividad es una oportunidad para evangelizar, sembrar valores y transmitir a las nuevas generaciones el respeto y la veneración por la advocación mariana.

Entre oraciones, sonrisas comunitarias y el recuerdo imborrable de la señora Del Valle, la capilla de Los Godos se reafirma cada año como un faro de fe y esperanza para todo el pueblo maturinés.

Tomas Leonett

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