18 de mayo de 2017 | 5 Visitas hasta ahora...

Utopía y Distopía Constitucional

Por: JULIO CÉSAR PINEDA

6

El constitucionalista francés Georges Vedel en un estudio sobre las constituyentes y las constituciones francesas señalaba que es la necesidad la que engendra las constituciones, pero es el azar el que las hace vivir. En Venezuela el Proyecto de la Constituyente y la Nueva Constitución no responden ni al azar ni a la necesidad. Es una hábil jugada del gobierno para evadir la vía electoral que lo conducirá a la salida del poder, y un intento de profundizar el Socialismo del Siglo XXI que con la muerte del Comandante y las derrotas electorales de sus aliados en todo el continente, vive su ocaso.

Este Socialismo con elementos del marxismo y una anómala inspiración cristiana busca el poder total por la vía del Corporativismo y las elecciones controladas de carácter indirecto propias de regímenes dictatoriales y totalitarios. Las 14 Constituciones francesas, la Constitución de Estados Unidos, las de los países democráticos de Europa y la tradición liberal y social de las últimas constituciones del mundo, incluyendo la de Venezuela de 1961 y 1999, todas tienen el principio de la soberanía popular y participación directa y universal de todos los ciudadanos. En el caso de Francia en 1792, se descubrió el sufragio universal indirecto; en 1948 el voto universal directo y en 1944 el voto de las mujeres. Hoy, la teoría constitucional reivindica que todos y cada uno de los ciudadanos perciben su futuro en función de su participación y su voto, incluso las monarquías constitucionales. Y es el caso de la monarquía constitucional británica con la aplicación del voto universal directo y secreto. Así lo vimos recientemente en la decisión de retirarse de la Unión Europea, cuando más allá de la instancia parlamentaria y después de esta, se impuso la voluntad de cada uno de los ingleses en el “Brexit”.

Sólo los gobiernos que no tienen el respaldo mayoritariamente y pretenden quedarse en el poder y aquellos sistemas o líderes mesiánicos con vocación dictatorial, para escapar al veredicto popular recurren al fraccionamiento y a la división de la población en el intento de manipularlos, construyendo mayorías físicas para legalizarlas y legitimarse en el poder.

En 1951, Hanna Harendt con su libro “Orígenes del Totalitarismo” y 12 años después, con “Sobre la Revolución”, describió la anatomía de los regímenes originados en Europa que negaban la teoría constitucional democrática, en desventaja de los derechos y la dignidad del hombre; se refería al Nazismo y al Comunismo.

En el caso ruso, la democracia revolucionaria se fundamentaba en las Comunas o los “Soviets”, bajo el imperativo de la “Dictadura del Proletariado”. Sólo ellos tenían los derechos y podían elegir y ejercer la representación política pero dentro del cuadro de una constitución revolucionaria y leyes comunistas. En 1920, el ruso Evgueni Zamiatine, precursor de Orwell y Huxley en el control del Estado sobre la persona y de la Dictadura sobre la Democracia, se escandalizaba cómo los comunistas habían desnaturalizado la revolución pasando de una prometida utopía, de un mundo mejor a una sociedad esclavizada y sumisa. En su libro “Nosotros”, Zamiatine plantea lo que es la Distopía, negación de la utopía comunista hacia una sociedad del terror y del control por parte del Estado en la naciente Unión Soviética. Después de caído el Muro de Berlín con el fin del sueño marxista, aún subsiste esa distopía en sistemas como en Corea del Norte en Asia, y como en Cuba en América Latina. Fue lo mismo que ocurrió con las promesas utópicas del Fascismo y del Nazismo, con las Nuevas Sociedades y el Nuevo Hombre que en esa época recogieron películas como la de Charles Chaplin en 1936 y libros como los de Orwell, de “1984”, escrita en 1949.

La Distopía de estos regímenes totalitarios la plasman en sus constituciones como realidades imaginadas en la promesa de la sociedad perfecta pero necesitada del control absoluto de un líder o un partido donde la propaganda es fundamental, la vigilancia permanente, la retórica incendiaria y el espíritu corporativo.

La Constitución de la República de Cuba de 1976, con la reforma de 1992, ratifica la Revolución Democrática y Socialista. Fue ficticia la consulta al pueblo en su pluralidad porque solo participaron los que sólo tienen derecho porque son miembros del Partido Comunista Cubano. Fue aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular bajo los criterios del Marxismo-Leninismo y donde no hay ninguna presencia de opositores y es allí donde se establecen los fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado, los derechos, deberes y garantías de los ciudadanos y las funciones y facultades de los órganos del poder y de la administración estatal tanto nacional como local. Tuvo que tomarse en cuenta el documento del IV Congreso del Partido Comunista, donde allí se afirma que es el Partido Único como fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado. Los documentos tuvieron que ser presentados y discutidos en las reuniones del bureau político y del pleno del Comité Central del Partido, todo tenía que estar dentro del ideario martiano y marxista leninista. Venezuela no puede ir por este camino.


Loading...

Edición impresa

1

En Twitter...

Caricatura

Caricatura