29 de diciembre de 2017 | 55 Visitas hasta ahora...

Open English

Luis-Eduardo-Martínez-Hidalgo

Por Luis Eduardo Martínez H

El martes pasado recibimos a las puertas de Millennia Atlantic University a Andrés Moreno, el CEO y fundador de Open English.

A pesar de un reciente accidente doméstico que le obliga a andar con un simpático artilugio mezcla de patineta y bicicleta, Andrés llegó puntual a la cita que nuestra gente de mercadeo había programado.

Andrés es un extraordinario ejemplo de lo que los venezolanos somos capaces de lograr cuando damos lo mejor nuestro. Hace 10 años, a poco de culminar sus estudios de ingeniería en la Universidad Simón Bolívar, fundó lo que hoy es un exitosísimo modelo de emprendimiento digital. Se estima que por las ciberaulas de Open English han pasado unos 500,000 estudiantes, dominando el mercado hispanohablante pero también presente en países como Rusia y Turquía, con una capitalización de centenares millones de dólares conseguidos muchos tocando puertas en California y entusiasmando a inversionistas ángeles que deben haberse extrañado ante la irrupción de este joven caraqueño que pretendía enseñar inglés por internet.

A Andrés explicamos nuestra propia aventura, la de levantar desde cero una Universidad acreditada en los Estados Unidos y compartimos el rol de la educación como elemento fundamental de transformación personal y colectivo.

Conversando con nuestros estudiantes, Andrés relata de las dificultades de su inicio, de intentarlo una y otra vez, de su apartamentico en Caracas que convirtió en oficina donde decenas de panas trabajaban sobre mesas improvisadas todos los días programando un sueño, del dormir dos años en un sofá mientras procuraba recursos, de cómo enfrentó el colapso de Venezuela de la cual, en un momento determinado, provenía buena parte de los ingresos de su creciente empresa.

De las muchas preguntas que le hicieron, me quedó grabada una respuesta. Un venezolano cursante de posgrado le interrogó acerca de que creía era lo más importante para alcanzar el éxito. “La perseverancia” respondió sin dudar, “el persistir” recalcó. “Eso sí, no para chocar una y otra vez contra la misma pared sino para buscar la rendija en esta por la cual colarse y alcanzar el objetivo buscado”.

Andrés destacó lo relevante del emprendimiento hasta como “un valor humano” lo que compartimos.

Andrés, a que dudar, es un triunfador más allá de nuestras fronteras. Cuando se cuentan por centenares de miles los venezolanos que se han visto obligados a marcharse del país en búsqueda de la oportunidad que la crisis local no les da, el caso de Andrés estimula.

Los medios reflejan el drama del éxodo de nuestros connacionales, casi todos jóvenes, buena parte profesionales; son muchos los relatos acerca de las dificultades que enfrentan.  Está bien que lo hagan, al fin y al cabo ese es su trabajo –ayer nada más oí a un editor amigo repetir la vieja frase “una buena noticia no es noticia”- pero ya es hora que destaquemos los logros de nuestra comunidad inmigrante que en todo el mundo a fuerza de perseverancia, de persistir, se ganan más que el sustento, el respeto de los pueblos que le han acogido en este tiempo tan complejo.


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