11 de enero de 2017 | 371 Visitas hasta ahora...

Más armas, más hambre

Por: Oscar Arnal

Foto Archivo

El anuncio de que Venezuela va a comprar armamento más moderno a Rusia y China, para confrontar supuestas amenazas a la paz y estabilidad de la nación nos llena de asombro. Un país muerto de hambre, donde las bolsas de basura se abren cada día de manera desesperada en busca de sobras, no debería estar comprando más armas para contener ficciones o una guerra virtual. El inquilino de Miraflores explicó que el 2017 será el año de la rebelión cívico-militar y que hay 379 mil milicianos chavistas listos para defender la patria. Así mismo, juramentó un comando anti-golpes.

Rusia aprovecha el antiimperialismo gubernamental para ofrecer armamento y obtener grandes ganancias. Mayor endeudamiento es un lastre que tendremos que pagar a costa de sacrificios insostenibles, para un pueblo a punto de explotar. Cree el gobierno que así compra también la protección de Rusia, cuando con Trump a la cabeza de EEUU más bien podría haber entendimiento entre ambas potencias.

El oficialismo desde 1999, ha consumido más de 100 millones de dólares en presupuestos militares, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz, que monitorea los gastos castrenses a nivel mundial.

En vez de pensar en armas para la guerra, el gobierno tendría que aprovechar los recursos para formular un plan serio para atacar la pobreza, es-tabilizar la economía, derrotar la hi-perinflación, generar crecimiento y combatir con tecnología de punta la inseguridad desbordada.

Hoy día pensar que puede haber una intervención militar contra Venezuela es no estar con los pies en la tierra. Mientras tanto, nos hemos convertido en uno de los países más inseguros a nivel del planeta con tasas de homicidios de 91,8 por cada cien mil habitantes, lo que ubica al país como el segundo más violento del mundo. De acuerdo a un estudio del Observatorio Venezolano de Violencia, el 2016 también dejó cifras récords de 28.479 muertes violentas.

Lo definitivo, es que el reto que tenemos es denunciar lo que daña el futuro y exigir correctivos para que se atienda primero lo primero. Si el problema urgente es el hambre y la escasez de medicamentos, hay que exigir soluciones. Los países comunistas cayeron por el cuantioso gasto militar, que terminó desviando los recursos que se necesitaban para las necesidades prioritarias.


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