9 de agosto de 2017 | 24 Visitas hasta ahora...

El gobierno del pajarito

Por: Daniel Asuaje/@signoysenales

Foto: Edición Web

Comentar los sucesos en estos tiempos es tarea harta complicada. Cada día ocurre un evento que o reconfigura el tablero de juego o lo sustituye, por lo que saber qué sucede y entenderlo casi es un acto de adivinación. A estas horas aún no se sabe con certeza cuántos votaron por AC, cuánto tiempo ni cómo van a convivir la AN y la AC, cuánto tiempo durará el juego trancado ni cómo se destrancará. A estas horas del domingo aún no sabemos exactamente qué ocurrió con el asunto del Fuerte Paramacay. En resumen, vivimos en un estado cognitivo socrático donde nadie sabe nada y donde todo indica que no se sabe gobernar bien ni tampoco hacer oposición exitosa.

La incertidumbre genera mucha angustia y da espacio a la circulación de sensaciones encontradas. Si bien para Maduro la elección e instalación de la AC es un triunfo fortalecedor pues cuenta ya con una instancia legislativa a su medida, redujo el poder de su competidor más peligroso y lo convirtió en el hombre más fuerte del régimen, para muchos otros la elección de la AN es fuente de temores.

Estos resultados silenciaron la semana pasada mucho la protesta callejera, pero ahora se espera que nuevamente despierte por el suceso de Paramacay. Durante esta semana he oído a muchas personas señalar que se van del país asustados por una AC a la que sienten amenazante de la propiedad, el trabajo, los hijos y la vida. Esta estampida me toca de cerca, uno de mis hermanos y un gran amigo se marchan sin mirar atrás. Su narrativa es la propia de quienes huyen del espanto. Por su parte el mercado reaccionó con una corrida de precios que colocó al dólar y a los bienes y servicios en niveles estratosféricos a una velocidad de vértigo.

La narrativa oficialista celebra la AC como un triunfo de la paz, de la gente que desea poder transitar por las calles sin obstáculos, mano dura contra el desorden. Votó, según sus cifras un porcentaje abrumador del electorado, para destrancar al país. Perciben los efectos como de re polarización social y política del país bajo la creencia de una gran recuperación del chavismo y ver a la oposición política sin “plan b” de acción gracias a no ver coronados sus expectativas de caída del gobierno. La piensan confundida y, posiblemente, dividida. Afirman que este triunfo y sus efectos son el producto del error opositor de trasladar del foco de su acción contra el gobierno desde el desabastecimiento, que es donde la oposición gana, al terreno de la violencia, que es donde ella pierde, según ellos. Por eso es entendido como una suerte de voto castigo y un mandato al chavismo en pro de soluciones y respuestas a la crisis.

Insisten en ver a la protesta como una intentona golpista insurreccional, financiada desde el exterior cuyo fin era fragmentar el Estado, cercar económica y financieramente al país y promover la formación de un gobierno paralelo. En su opinión esta ruta fracasó, fortaleció al gobierno y terminó obligando a la oposición política a volver al terreno electoral. Afirman que la oposición debe rectificar y la AN debe aprender ahora a convivir con la AC y dejar de ser un poder beligerante, regresando a su condición legislativa.

Pero hay otras lecturas. El gobierno sigue política, económica, institucional y financieramente débil. Tiene un buen respiro con este triunfo político pero no es razonable esperar que dure mucho pues las causas de la crisis siguen empeorando y la acción política e institucional del régimen alimenta más los motivos de quienes protestan.

La narrativa oficialista nos muestra una visión muy parcial del contexto actual, pero la realidad suele ser más complicada e incontrolable de lo deseable. Para empezar la composición de la AN es muy heterogénea y quizá consensuar sobre el nuevo modelo institucional, político y económico tal vez no sea una empresa fácil en un chavismo lleno de fisuras. Por su parte, la destitución de la Fiscal y la instalación de la “Comisión de la Verdad (chavista)”, enturbian más las posibilidades de un arreglo necesario si quiere gobernar. La señal sigue siendo la misma y muy clara: el gobierno hará cuanto pueda para mantenerse “como sea” en el poder, pero necesita llegar a un arreglo si quiere gobernabilidad y quiere obtenerla sin dar nada a cambio, con lo cual alimenta las fuerzas que buscan su reemplazo.

Los sucesos de Paramacay revelan lo que todos sabemos: la crisis llegó a los cuarteles. Mientras esto sucede el gobierno sigue destruyendo nuestra economía, reduciéndola durante los últimos cuatro años en más del treinta y cinco por ciento del PIB y sigue desbarrancándola. Pero el gobierno sigue en su narrativa alucinante y mientras Padrino afirma que el ejército puede frenar a los marines, un grupito de intrusos penetra Paramacay y Maduro afirma que de Mercosur nadie saca a Venezuela. Falta que ilegalicen la inflación, la ley de la oferta y el cáncer. Es el gobierno del pajarito, uno cuya tonada desentona con el paisaje y discrepa con los demás cantores.


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