14 de abril de 2016 | 3124 Visitas hasta ahora...

En Luchadores por La Paz, también luchan por la vida

En Luchadores por La Paz, también luchan por la vida

Con juguetes de madera, entre ellos ramas y pedacitos de troncos, se divierten en las horas de ocio los cuatro hijos de Rosa Millán, quien con ocho años de residencia en el sector Luchadores Por la Paz, es casi una fundadora.

Esta comunidad se encuentra en la vía principal hacia Viboral, parroquia Boquerón, allí tres urbanismos, Santa Elena de Viboral, Luchadores por La Paz y Lirios del Este, comparten problemas y solo los delimita una cerca de alambre de púas.

El consejo comunal comenzó los trabajos de limpieza en el terreno asignado por el Inti, sin embargo encontraron resistencia en la comunidad del Bosque, que colinda con este sector quienes alegan que existe un proyecto habitacional para el beneficio de esta zona y por ello no permitirán la siembra en estas tierras

Para la familia de Millán, una de las 400 que hacen vida en el complejo habitacional, la convivencia no ha sido fácil, el sector tiene muchas necesidades básicas y sus condiciones la llevan al status de pobreza extrema.

Con el cantar de los gallos

“Mi jornada comienza muy temprano en la mañana, ya que estoy en dos situaciones totalmente diferente, si tengo comida mando a los chamos al colegio, si no, nos quedamos en la casa haciendo las labores propias del hogar y viendo cómo hacemos para comer ese día”.

Esta vecina llegó al caserío cuando se estaba consolidando, gracias a una invasión de esta parcela, en la actualidad este terreno le permite sembrar algunos rubros para su consumo, y aunque anteriormente trabajaba cuidando una finca, su situación actual no le permite mantener un empleo formal. Su esposo también se encuentra desempleado y aunque ha solicitado la ayuda de varios entes públicos la respuesta no ha sido satisfactoria.

“Estoy viviendo en un rancho de latón, a la espera de que el consejo comunal y las misiones sociales me fabriquen una casa que me fue asignada, sin embargo el problema más directo que tengo es la falta recursos para obtener la comida y poder alimentar a mis niños”.

El sector en cuestión está conformado por cinco calles, donde cohabitan unas 400 familias, no tiene ninguna obra de envergadura, estando entre las fallas el asfaltado, aceras, brocales, aguas negras, cachas deportivas y la culminación del tendido eléctrico, así lo reseña el pastor Jesús Ortíz, quien señaló que la iglesia de la comunidad se está construyendo gracias al aporte de los feligreses, porque no se ha recibido el apoyo de ningún ente gubernamental.

Promesas en espera

Las carencias que tiene el sector son vividas a diario por sus habitantes, en este caso Celina Rodríguez, quien con cuatro años en la zona, comentó, “tenemos que caminar desde aquí hasta Santa Elena de Viboral, donde está la escuela, porque el transporte público es deficiente, además el mal estado de las calles impide que los transporte privados ingresen a la comunidad”. Esta vecina tiene dos niñas de siete y seis años, que tienen un horario de clases de 7:00 de la mañana a 3:00 de la tarde, pero indica que “casi todos las semanas los problemas del colegio hacen que los profesores despachen a los alumnos en la mañana, primero no llega la comida de la Corporación Nacional de Alimentación Escolar (CNAE), o no hay agua para los baños, sin embargo los maestros se quedan cumpliendo sus horarios”.

Así mismo señaló Rodríguez, que “hace dos años caminamos las calles del sector Lirio del Este con la gobernadora, quien nos prometió una maquinaria para rehabilitar la infraestructura vial, hasta la fecha no hemos visto ese trabajo”.

Tierra fértil, buena pa´ la siembra

Las fortalezas que tiene el sector para con sus habitantes están en la siembra, ya que todas las parcelas cuentan con terrenos suficiente y tierra de muy buena calidad para los cultivos.

“Aquí todos tenemos un conuco y se nos dan buenos productos, pero también tenemos que ser sinceros necesitamos atención gubernamental, ya que no hay red de cloacas y todas las parcelas tienen pozos sépticos, además hay partes de esta comunidad donde el tendido eléctrico y la tubería de agua no llega”, señaló la residente.

Consejo comunal y la empresa de producción social

Deyanira Veracierta y Agapito Guzmán, voceros del concejo comunal, reconocieron la situación que afecta a estas comunidades, sin embargo hacen hincapié en el esfuerzo que desde este ente han hecho para mejorar la calidad de vida de sus conciudadanos, “apoyamos a muchas familias con los mercados solidarios, además se han aprobado la construcción de casas en estos sectores para las familias en caso de pobreza extrema, en Luchadores por La Paz, fueron adjudicadas ocho viviendas”, señaló Veracierta.

“Tenemos varios proyectos presentados ante la gobernadora quien destacó que en pocos días las maquinarias vendrán para trabajar en la vialidad de los tres sectores involucrados”, apunto Guzmán.

El consejo comunal avanza en el fortalecimiento de la agricultura urbana, por ello están trabajando en la conformación de una empresa de producción social que se encargará de la explotación de 27 hectáreas cedidas por el Instituto de Tierras, este terreno está en las inmediaciones del sector y colinda con la comunidad del Bosque.

“Tenemos un proyecto para la siembra de yuca amarga, esperamos contar con el apoyo de todos los habitantes para impulsar esta empresa y sacar adelante al comunidad”, señaló Veracierta.

  • 27 hectáreas fueron asignadas por el INTI al consejo comunal para su explotación, se espera unos días para comenzar a preparae la tierra e iniciar la siembra de yuca amarga para la producción del casabe.
  • 8 viviendas fueron asignadas a la comunidad de Luchadores por La Paz, estas soluciones habitacionales buscan mejorar la calidad de vidas de las personas en pobreza extrema.

Mauricio Bolívar


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